lunes, 27 de octubre de 2014

Mi vecindario



ZE: ¡Hoooolaquétal!

SSG: ¿Quién essssss?

ZE: Hola, mira que soy Zac.

SSG: ¿Qué Zac?
 

ZE: Zac Efron, que me acabo de mudar y...
 

SSG: ¿Tú eres el moñas de High School Musical que llevaba el pelo relamío, pestañas postizas y demasiado maquillaje?
 

ZE: Mmmmm... lo del pelo vale pero las pestañas son mías...
 

SSG: Blablablá.
 

ZE: Mira, es que tendiendo la ropa se me ha caído la única camisa que tengo a tu terraza, ¿me dejas pasar a buscarla?.
 

SSG: Pffff... va, venga, passsss.... AAAAAOOOAARRRRRGGGGG!!!
 

ZE: ¿Te encuentras bien querida?
 

SSG: ¿Y tú? ¿Estás bien? ¿Has pasado mucho frío? Pobrecito mío lo que has tenido que de zufrí... perder tu única camisa de esta manera... y qué apañao, que tiendes la ropa y tal...
 

ZE: Sí, bueno, eso son mis pantalones y...
 

SSG: No te preocupes hombre, ya usamos si acaso mi lavadora.
 

ZE: Pero...
 

SSG: Naaaada, nada, toma esta batamanta para que no me cojas frío y te cuento sus múltiples beneficios para mí... digooooo... la salud. Así en general de todas las personas humanas, quicir.
 

ZE: Si insistes...

SSG: ¡INSISTO!








PD: Zac... así SÍ que puedes call me!!





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En el Hoooolaquétal anterior: Cary Joji Fukunaga
 
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domingo, 26 de octubre de 2014

Así es como me siento...

... un domingo por la tarde cuando se ha cambiado al puto horario de invierno ¬¬



Que levante la mano quien se sienta identificado conmigo.

jueves, 23 de octubre de 2014

SuperSonicGirl en Tenerife, día 3

Previously en SuperSonicGirl en Tenerife...



Amanece y yo estoy emocionada, no: emocionadísssssima.

A photo posted by Mara Jade (@supersonicgirl) on


¿Por qué?

No os lo puedo explicar con palabras

Anda, dame el gusto y dale al play mientras me ves en acción ;)


Mi primera ola. La primera. Quiero decir: la primera ola y la cogí.

Probablemente sea una de las cosas más grandes que he hecho en toda mi vida.

Lo que sentí fue... INCREÍBLE-BLE.

Ahora no sólo sé que siempre quise probar lo que es el surf. Es que no se me dio tan mal y que una vez encima de la tabla, ¡no me quiero bajar!

Podría intentar explicaros mi cara de flipe, la piel de gallina que tenía (por cierto, neopreno totalmetne innecesario, el agua estaba buenísima), el corazón a toda pastilla... pero no hay palabras suficientes para que entendáis lo que sentí.

Desde entonces, no ha pasado un día que no piense en esa mañana, en esa sensación y en volverme a subir a una tabla. He ido a remar, a hacer paddle surf, incluso con el mar un poco movido pero no es lo mismo.

No sé, si te gustan los deportes acuáticos como a mí, una vez encuentras TU deporte, es imposible sacártelo de la cabeza. Si ya sabiais que soy una chica de verano, ahora también sabéis que el secano no es lo mío ;)

Otra cosa os diré: cuando sea una simpática millonaria, contrataré unos cuantos mozos de  espadas (y de muy buen ver) para que me ayuden a embutirme en el maldito neopreno ¬¬

Se acabó el momentazo surfer, yo seguí con mi flipamiento y llegando a una profunda conclusión: a la mierda, voy a salir del armario, a mí no me gusta pasar frío, desde hoy (en ese momento, no ahora) enfocaré mis vacaciones a lugares con mar, con sol y, ahora que sé que puedo, seguir haciendo surf/paddle surf.

Hay muy pocas probabilidades, prácticamente nulas, de que me encontréis en una estación de ski, en una expedición al Polo Norte y, si puedo evitarlo, en cualquier lugar del planeta cuando sea invierno.

Es así.

Bueno, voy a seguir contándoos.

Después de desembutirme del neopreno, mientras seguía en el alucine total que acaba de vivir, fui a recoger las fotos que nos hicieron a doña Caye y a mí durante el surf. Somos unas estupendas, lo sabéis.


La escuela a la que fuimos es K16 Surf en Playa de las Américas. Muy majos. Y muy guapos. Chicas ;) ;) Y bueno, muy pacientes, porque con la histeria que yo llevaba, chapó. No dejaron de animarme y yo creo que fliparon tanto como yo cuando vieron que podía ponerme de pie.

Seguidamente estuvimos en el bar de al lado de la escuela, Lo Squalo, donde tenían un cartel sobre cine surfero. Que me he perdido. Hhhhhhhmmmmm.



El Canarias Surf Film Festival. El año que viene hay que tener esto en cuenta.

Nosotras, no sólo teníamos que hidratarnos, es que también estábamos esperando a que llegara la furgo que nos llevaría de paseo por el Teide.

Sí, otra vez por el Teide, pero esta vez para dedicarnos a mirar y remirar mientras otro conducía.


¿Habéis visto ese color del cielo?. ¿Lo habéis visto?. Es lo más.

El lugar entero es lo más.





Y digo yo una cosa: ¿este paraje no os recuerda a películas ambientadas en otros planetas?

¿En alguno en particular?

¿En uno rojo?

¿En uno llamado Marte?

Que justamente en inglés se dice Mars.

¡TATE! ¡Otra señal*!

Bruno Mars y yo estamos destinados a conocernos, nenis. Lo miréis por donde lo miréis.

No os digo más porque no hace falta.

Bueno, bueno, bueno. Esta visita fue genial, no sólo íbamos viendo el paisaje y nuestro guía nos iba contando un montón de cosas. Hicimos muchas paradas, sí, para que yo hiciera chorrocientas fotos, pero sobre todo para mirar, mirar y mirar. Me gusta este paisaje volcánico, me gusta la rudeza de la roca, la diferencia de colores de la lava (la más nueva es negra, la más antigua es roja, porque con el paso del tiempo, el hierro que contiene se va oxidando, ¿veis lo mucho que aprendí?), el olor, los pinos canarios, tan altos, tan fuertes y con esas agujas tan largas...

Fuimos haciendo nuestro recorrido y llegó un momento en que a un lado teníamos la tarta, donde pudes ver el cambio de color de la roca a lo largo del tiempo.


Y al otro, el mar de nubes. Aaaaalucinante.


Pedazo de paseo brutal que dimos nenis.

Cuando llegamos de nuevo a la escuela de surf de por la mañana, para entonces ya nos habíamos hecho amigas de nuestro conductor, y nos regaló unas camisetas chulis de Roxy. Somos súper majas y nos hacemos de queré.

¿Cuál fue nuestro siguiente destino?. El Médano.

Allí habíamos quedado en el Flashpoint con Frances Houseman. Ella nos lo recomendó y allá que fuimos con nuestro culocarpeta.

Esa playa... ¡esa playa!


Gente, porque ya era tarde, pero si yo hubiera podido coger una tabla...

Entotá, que mientras esperábamos Frances Houseman, doña Caye se dio un  baño y disfruté de una Coca-Cola fresquita mientras repasaba todo lo que había pasado durante el día... y me pasaba el vaso frío por la cara, porque todo el sol del día me lo llevé yo.

Pero claro, quien se toma una Coke, también dice un par de mojitos.

Llegó Frances y tengo que deciros que es un encanto. ¡Qué señora!. Me enteré que lleva paseándose por este blog desde hace la tira. Ay omá. Y creo que una de las mejores cosas fue el pasar un rato estupendo como si fuera una amiga a la que hacía tiempo que no veía.

Como nos caímos las tres muy bien, decidimos quedarnos a cenar y deboramos unas hamburguesas de esas que te zampas cuando hay hambre y encima tienes la suerte de que estén buenísimas.



Nos despedimos con mucho cariño y doña Caye y yo fuimos hablando de todo lo que habíamos hecho durante esos días. Y cantando, por supuesto, que dimos con un tirón de canciones chorras que conocíamos que ponían en una emisora en inglés.

Y una vez llegamos al hotel, el triste momento de hacer las maletas ya estaba ahí.

Me dio una pena. Aún estando cansada, que en lo único que piensas es en meterte en la cama para que no pases de la alarma cuando suene...

Pero eso os lo cuento en el último capítulo.

Recuerdo esa ODISEA y aún no me creo que todo saliera bien.

Pues eso, os veo en SuperSonicGirl en Tenerife: capítulo final de flipar.

Hasta entonces, mensaje especial para Frances Houseman: gracias querida, gracias por la recomendación, por tu simpatía, por tu sonrisa, por todas las cosas que hablamos, por venir por este blog, por seguirlo, por darme la oportunidad de conocerte... Gracias :-*



* Que si queréis otra: la semana pasada fui a cenar con mi amiga Loba a un diner y justamente estábamos en una mesa donde había una matrícula de Hawaii. Yo no sé qué más necesitáis para darme la razón, la verdad.

martes, 21 de octubre de 2014

"Hola...


... yo ERA Renee Zellweger."

La de la derecha es la original, y ahí ya llevaba alguna cosilla hecha.

Pero esta señora...¿Qué se ha hecho?

Mirad esa cara sin expresión, con botox hasta en las pestañas postizas.

Te digo una cosa: Nicole Kidman cometió el mismo error y ya no se puede volver p'atrás.

Tú misma.

lunes, 13 de octubre de 2014

"Hola, soy...

... vuestra Paris Hilton y sé que me estabais echando de menos como un montón, ¿verdad?.

Bueno, pues es que resulta que me he enterado que SuperSonicGirl estuvo en Tenerife y, claro, yo que soy muchiiiiiísimo más ricachona que ella, os voy a mostrar mis fotos en Dubai. Porque lo mío es poderío sin parangón.


Aquí estoy yo, elegantemente subida a mi camello, que yo llamé cariñosamente Camellín. Si es que soy muy ocurrente. Ricachona y ocurrente. ¡Qué divertido!

Mirad qué estilo, cómo miro fijamente a la cámara, enamorándola como sólo yo sé enamorar, con mi pañuelo en el pelo, mis alhajas, mis tacones... Los señores del fondo estaban fascinados. Lo sé.

Yo creo que estoy de lo más natural, así como soy  yo.



Me gustó tanto Camellín que me lo he comprado para que haga compañía a mi millar de perros patada. Se va a sentir como en casa en mi mansión. Ya he contratado a un adiestrador de camellos para que no se me suba al sofá sin mi permiso.

Por cierto, para esta ocasión tan especial, estrené Louboutin. Me los hago a medida, por supuesto, porque soy una chica especial. Algunos dicen que es que porque tengo un 46 de pie, pero no les hago envidia. Es envidia.

¡Ay! ¡Estoy tan contenta con mi pose! La foto de la derecha la he titulado ¿Qué oigo? ¿La llamada de la selva?. A la gente le ha encantado el título porque dicen que sólo a mí se le puede ocurrir ponerle ese título a una foto tomada en pleno desierto.

Si es que ya os lo he dicho muchas veces: soy muy ocurrente.

Y rica. Eso también. Muy rica.

Hala supera esto SuperSonicGirl.

¡Besitoooos!"

jueves, 9 de octubre de 2014

SuperSonicGirl en Tenerife, día 2

Previously in SuperSonicGirl en Tenerife...

Doña Cayetana Altovoltaje y servidora, dormimos como ceporras toda la noche. Yo procedí a darme una ducha para quitarme la roña acumulada del día anterior. Seguidamente: a ponermos finas en el desayuno.

Atended al arte de Doña Caye con la comida más importante del día.




El día se levantó un tristón. Pero eso no nos impidió planear la mañana. Para eso recurrimos a nuestro culocarpeta querido, que nos llevó por una carretera con plantaciones de plantaneras a ambos lados. Y de mientras, nació una idea brillante. Pero como os dije en el otro post, tendréis que esperar un poquito para verlo jaja.

Llegamos a Los Gigantes. Estaba medio lloviznando y yo intenté imaginarme cómo sería verlo con sol. Un alucine.



Tenían estos barriles pintados, muy graciosos. Luego me fui dando cuenta que en otros sitios también los tenían pintados de diferentes maneras. Mola.



Después bajamos y estuvimos comprando plátanos y especias para hacer mojo, porque somos unas adictas y ya sabéis cómo son estas cosas. Que las dejas cuando quieres, pero es que, de momento, no queremos dejarlo ;)

Y como fuimos con mucha calma, también nos dio tiempo a que yo me comprara unos... ejem... leggins... sí... lo tuve que hacer. Con lo anti-leggins que soy. Matizo: lo soy porque al contrario de lo que muchas creen, los leggins, como el chándal, no son adecuados para todas ocasiones ni combinables con cualquier cosas te tires encima.

Os preguntaréis: ¿y por qué tuviste que comprarte unos malditos leggins?.

Pues porque en un rato nos venían a buscar para hacer una excursión en bici bajando desde el Volcán Pico Viejo y, no sé vosotros, pero si iba a hacer fresquito, la colección de pantalones cortos que me había llevado no me iban a ser de mucha ayuda.

Tela.

El día lluvioso, que a más de 2.000 metros de altura un poco de rasca hace, que yo lo paso fatal con temperaturas por debajo de los veinte grados... Entontá, que lo que para una persona de estatura normal es un leggins de corte pirata, para mí son de corte tobillero. Toma, toma, toma.

Evidentemente me tuve que comprar una camiseta de esas que te tapan lo que no quieres que los putos leggins muestren al mundo entero ¬¬

Jopetas, que yo no contaba con un día así. Me llevé unos vaqueros pero vamos, llevaba desde abril sin ponérmelos, que es cuando aquí empieza el buen tiempo y yo ya no aguanto ese tejido.

Osea, que doble preocupación: que no sólo tenía que ir con leggins, es que luego estaba la excusión en bici.

Yo. En bici. Que sé montar en bici, pero lo de pasar mucho rato en una bici... como que no. Soy más bien de deportes acuáticos, el secano no es lo mío.

Bueno, pues nos vinieron a buscar y fuimos subiendo otra vez por esas carreteras montañosas que el día anterior nos habían acojonado con esas nubes. Esta vez conducía otro.

Nos paramos en Vilaflor a esperar a la otra parte del grupo. Los monitores muy, muy majos, pero ahí que llega uno y... ¡copones!. Era la versión jovenzuela* y portuguesa de Anthony Kiedis. Cuanto más lo miraba más se parecía. Juro.

Bueno, pues que llegamos al punto de donde teníamos que salir.



Nerviosa andaba yo, claro.

A ver si no iba a aguantar, no quería morir despeñada por un barranco con la bici (¡qué poco glamour!), que si a ver si iba a llegar a los pedales (insisto: ¡qué poco glamour!)... Esas cosas.

Bueno, pues la bici, claro, la más pequeña. Los frenos bien.






¿Qué puedo decir?

Fue genial, ves los paisajes de otra manera, el olor que le daba la lluvia a los pinos es espectacular, poder pararte en algunos puntos para poder disfrutar de las vistas, meterte en una gruta por donde ha salido lava...




... y comer cosas ricas y de la tierra mientras tienes delante las montañas, los pinos, el mar y un sol que se estaba dejando ver.

Así sí.

Es cierto que la excursión fue de bajada. A mí no me ponen a pedalear montaña p'arriba pero vamos, cómo os lo explico. Los frenos los dejamos todos peladitos, eso sí. Ni molestias ni nada y los leggins de lo más prácticos: que hacía fresquito (que hubo un momento que se me durmió una mano y unido al rato de más frío, ufffff), p'abajo, que salía el sol, pos p'arriba.

Un poco de sobrecarga en las muñecas, eso tengo que reconocerlo.

La última parada fue en un pueblito precioso, cuyo nombre ahora no tengo narices a recordarlo, pero era una monada, con las casitas pintadas de colores. Muy cuqui.

De mientras, durante todo el recorrido, al primo lejano y perdido de Anthony Kiedis, Doña Caye y yo le caímos en gracia y nos pasamos casi toda la bajada y todas las paradas hablando. Muy guay, la verdad. Además, nos fue explicando cosas como la madeja de tubos que conduce el agua para cada plantación, huerto o zona de cultivo. El horror. No me quiero ni imaginar la pesadilla que debe ser que alguna tubería se estropee. Busca tú la fuga.

También nos contó cómo se cultiva el plátano. ¡Menudo trabajazo y qué poco valorado! Como casi todo lo bueno que tenemos en este país. Y yo desde aquí reivindico el plátano canario nenis, que está mucho más rico que cualquier banana.

Aunque sea el fruto del amor XD




Y bajando, bajando en bici y, hablando y hablando con el primo lejano y perdido de Anthony Kiedis, llegamos a nuestro destino. Una miniplaya de arena negrísima. Tampoco recuerdo el nombre del pueblo, pero esa playita era preciosa.


Aparcamos las bicis y brindamos con cava por un día estupendo.

Nos despedimos y nos llevaron de vuelta a nuestro hotel. 

Antes de cenar, como aún teníamos el subidón de la excusión biciclista, nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores. 

Disfruté de uno de las atardeceres más bonitos en Playa Fañabé.



Cenamos, hablamos del día, de las cosas que habíamos visto, repetí por enésima vez lo mucho que me gustan las Canarias, un paisaje volcánico, el calor, el acento canario... En definitiva, que me sentía como en casa.

Si hasta ahora pensabais que había disfrutado, no deberíais perderos el siguiente capítulo de SuperSonicGirl en Tenerife porque viví uno de los mejores momentos y sensaciones de toda mi vida.

En serio, toda ella.



Por cierto: casi 40 kilómetros en bici y no empecé a ser consciente de las horas sobre un sillín hasta unas cinco horas después de bajar de la bici.

Chimpún.








* Supongo que, a parte de lo de los leggins, también os estaréis preguntando que, con lo que me gusta a mí el cantante de los RHCP, cómo es que no hay foto ni nah... Me lo pasé tan bien y flipaba tanto con el parecido, que se me pasó.

No importa, un día tendré una foto con el Kiedis original. Tiempo al tiempo.

jueves, 2 de octubre de 2014

SuperSonicGirl en Tenerife, día 1

Queridos, hoy hace una semana estaba en Tenerife.

Fue todo un trauma volver. Estoy enamorada de las Islas Canarias. Adoro mi tierra, mi casa, mi Mallorca, pero de verdad: no puedo con eso de que tenga otoño e invierno. La perfección sería tener el tiempo canario. Es así.

En fin, que voy a ir por partes, porque creo que hacer un mega post podría ser demasiado... mega.

Para el poco tiempo que estuvimos, doña Caye y servidora, se puede decir que somos unas expertas del aprovechamiento del tiempo. También somos unas vagas de cuidado, pero es parte de nuestro encanto.

Bueno, todo comienza con nuestro encuentro a las seis de la mañana. Nuestro vuelo era el más primerísimo de la mañana hacia Barcelona.

La noche anterior yo había tenido que cerrar algunos asuntos de trabajo y, cómo no, hacer la maleta. Como siempre, me llevé más cosas de las que al final utilicé, pero más vale que sobre a que falte. Que eso también me ha pasado y me molesta muchísimo más.

Total, que allá que estábamos doña Caye y yo ya en el avión, echando un minisueño. Porque desde Palma a Barcelona, habrá como mucho unos 40 minutos.

Estaba cansada, claro, pero al mismo tiempo muy nerviosa. Como os conté, hasta que no solucionara el tema de mi transporte del sur al norte, estaba de lo más inquieta.

Pero mirad que me encontré con este mensaje tan chachi que tienen los de Vueling en sus bolsas para los que se marean.



Y me tranquilicé un poco. Lo suficiente para disfrutar de mi paseo por las nubes.



Llegamos a Barcelona y salimos para Tenerife.

Siestaca. Lectura. Aperitivos. Siestaca.

Tres horitas después, pisamos la tierra del Teide y a mí se me agolpaban las ganas de ir a ver todo lo que después coseguimos ver.

Y además, arreglamos lo del tema de mi transporte, después de flipar con una tronca que iba a un concurso de coctelería. Brutal. No quisiera imaginármela si fuera un congreso sobre fusión nuclear.

Miedito.

Pero bueno, el momentazo de mi transporte ya os lo contaré porque fue de traca, nenis.

Cogimos nuestro coche, al que bautizamos como el culocarpeta. Un Fiat Panda que aquello no tiraba ni p'atrás. Eso sí, correr, no corría nah, pero era de un sensible...

Llegamos a nuestro hotel y nos encontramos...


Eso de ahí arriba.

Un intento de cisne con una toalla.

O algo.

Fuimos derechitas a comer, porque teníamos un todo incluído y estaban a punto de cerrar el comedor.

Un camarero bastante gilipollas contestó con bastantes malas maneras a doña Caye y las dos nos quedamos un poco chof, porque hasta el momento, todos los que nos habían atendido habían sido muy amables.

En fin, muertas de hambre nos hallábamos. Imaginaos lo que es dejarnos sueltas por un buffet.

Una vez recargadas las pilas, hecho unas llamadas y gestiones para los siguientes días, cogimos a culocarpeta y decidimos hacer un paseíto para ir a ver el Drago Milenario. Yo estaba emperradísima en verlo. Me parece una joya de la naturaleza, eso no me lo podía perder.

Nos encomendamos a Google Maps y seguimos las indicaciones de la señora de Google fielmente mientras nos partíamos de la risa con sus pronunciaciones varias.

Nos paramos en Playa San Juan. A doña Caye, que es asturiana, le gusta el rollo océanos con sus olas y tal. No estaba muy convencida de bañarse aquí, porque es una playita tranquila y protegida. Una monada.



¡Que se me quería meter en el otro lado! Donde está prohibido bañarse por las corrientes. Ay madre, que no me lo quiero ni imaginar, que se me lleva una corriente a mi amiga a menos de 3 horas de haber pisado la isla.

Total, que dimos un paseíto por la playa, nos hicimos unas fotos, yo caminé descalza por la ardiente arena oscura, me vinieron tantos recuerdos nenis... Esa arena tan fina me quemaba los pies pero me aguanté porque la sensación de piel de gallina que me producía es uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia.

Nos metimos en el agua y, a pesar de que a doña Caye al principio no le apetecía, luego quedó encantada. El agua limpia, transparente, más fría que la del Mediterráneo... obviamente... le gustó. Nos gustó.

Y para celebrar nuestro bautizo tinerfeño...



¡Un mojito al sol! ¡Así sí!

Por cierto, encontré está planta por allí cerca. Es raruna, ¿alguien sabe cómo se llama?.



Después volvimos a encomendarnos a la señora de Google y a la ausencia de potencia de culocarpeta para dirigirnos a Icod de los Vinos, donde está el Drago Milenario.

Nenis, fue una de las experiencias automovilístias más surrealistas de toda mi vida.

Vale que la carretera era de montaña, bien jodida, con sus curvas, que se nubló, que medio lloviznó... Pero cuando llegamos al momento nubes. Nubes bajas. Nubes MUY bajas. Era como atravesar un fantasma eteeeeeeerno.

Subiendo casi todo el rato en segunda (nota mental: preguntar por el motor del coche antes de alquilarlo, vale la pena pagar un poco más), doña Caye poniéndose nerviosa, íbamos cantando chorradas que encontrábamos en las emisoras (poca variedad, por cierto), la cobertura se iba a tomar por saco, por lo tanto las indicaciones llegaban tarde... Digamos que el tema cartelería y señalética: regulero... que si la señora de Google nos redirigía, las nubes ahí dando por saco y envolviéndonos...

¡EL FESTIVAL DE LA CONDUCCIÓN! 

Hubo un momento que recurrimos a preguntar. Y llegamos. Llegamos bien. Y aparcamos. En un parking. Dato importante, recordadlo.

Tras unas poquitas vueltas encontramos cómo llegar adonde estaba el Drago.

Y yo caí rendida a sus pies.

¡Es preciooooooooso!



Una maravilla. Ojalá hubiera podido tocarlo.

Dimos una vuelta por el jardín y nos encantaron los cactus. En mi caso, es la única planta que sé "cuidar".


De todas formas, para colección de cactus, los del jardín de Lanzarote. No digo nada más.

Otra plantita maja que no tengo ni idea de lo que es (como si yo supiera mucho de plantas).



Ver el Drago Milenario con mis ojitos: hecho.

Acabamos en un restaurante comiendo papas con mojo (por favor, está tan rrrrico que aún puedo saborearlo) y queso asado con miel y, adivinad: más mojo. Yeah.

Estábamos rendidas nenis. Llevábamos en pie desde las 5 de la mañana.

MENOS MAL que nos dio por no alargar la cena porque el parking cerraba a las nueve. Recogimos a culocarpeta a las nueve menos dos minutos.

No quiero ni pensarlo. No, no, no.

A la vuelta conduje yo. Las nubes más cabronas, que no se veía nada. Y cuando digo nada es que era nada. Hubo un momento que un caracol reumático nos habría adelantado. Ahora que caen cuatro gotas. Bueno, ahora un poco más. La señora de Google yendo y viniendo... Y de repente a doña Caye se le ocurre hablar de la muerta de la curva.

Tela.

Luego sonó Rick Astley, nos pusimos a berrear y se nos pasó toh.




Yo estoy totalmente convencida de que estamos preparadas para cualquier rally. Después de esa odisea, ser piloto de rallies está sobrevalorado. Chimpún.

Cerca de la medianoche, llegamos al hotel. Yo, voy a deciros la verdad, no tuve narices de pasar por la ducha. Me puse el pijama y jamás se supo de mí hasta el día siguiente.

Pero ese día ya os lo cuento en el siguiente post ;)

Como adelanto os diré que Anthony Kiedis tiene un primo muy, muy lejano, sobreviví a una excursión en bici y se gestó una gran idea que muy pronto veréis.

No os lo perdáis.