miércoles, 31 de diciembre de 2014

Ready for more!

El 2014 ha sido un gran año nenis.

No me puedo creer que por fin parece que todo mi esfuerzo está dando bastantes resultados. Algunos, os tengo que decir la verdad, no me están dando los resultados esperados, si no otros. Un poco de desilusión sí que tengo, porque como os decía, cuando inviertes mucho esfuerzo en algo y no llega lo que sería, a mi parecer, lógico... Pues... ¡oh, sopresa!, que no obtengas lo que esperas no significa nada malo, sólo hay que cambiar de planes.

Y a mí, queridos, planear y organizar se me da de miedo. 




Así queeeeeee en esas estoy, he tomado una decisión y la voy a convertir en una misión para el 2015.

Cuando la complete os la contaré, de momento, me veo obligada a dejaros con la intriga.

Lo que sí os puedo contar es que en el nuevo año, esta que os escribe, tal vez no organice su boda con Bruno Mars, peeeeeero...

¡ME VOY A VER A U2 A BERLIIIIIIIIIÍN!*

Toma, toma, toma y requetetoma. Bono se libró de mi acoso cuando estuve en Nueva York, pero como buena fan, lo voy a dar todo otra vez viendo a mi banda favorita.

Y hablando de mi viaje a Nueva York, seguiré contándoos en algunos post, más cosas de las que hice por allí. No os preocupéis :-) De momento, tenéis dos entregas: 1 y 2

Porque 2014 me ha llevado por primera vez a Italia (sí, tengo pendiente contaros de este viaje también), Tenerife (1, 2, 3 y 4) y, por supuesto, a Nueva York.

Hice surf queridos, HICE SURRRRRFFFFFF. Y os mostré los mejores lugares de Tenerife al más puro estilo cabecera de Dinastía. Porque vosotros lo valéis, yo os doy lo mejor de mí. Chimpún.

Viajar, sin duda lo mejor.

MaraMansion sigue siendo una realidad y dentro de poco va a hacer un año que vivo en ella. Aún hay veces que hoy no me lo creo. Pero es verdad y es estupendo. Sobre todo por los magníficos vecinitos que tengo. Son encantadores y yo les inculco el amor por mi batamanta ;) ;)

Mini-mini-resumen del 2014:

En fin, sólo me queda decir...





* A ticketmaster, que os peten, o no, que ya eso lo hacéis de puta madre vosotros solitos. No sólo es una pesadilla comprar en vuestra web, es que encima no parecéis estar preparados para los grandes eventos. Me voy a Berlín, que encima tengo mejor asiento y más barato. Hala, lo dicho, que ya os petáis vosotros solitos.

martes, 23 de diciembre de 2014

Rulos

Rulos dorados.

Me lo como.

Con rulos dorados y todo.


Aaaainssss el ab-borrrrrrrr.


Actuación impecable de my future husband, Bruno Mars. As usual.



BruBru... CALL MEEEEE!



domingo, 21 de diciembre de 2014

#supersonicgirlenNY 2

Si ya leíste el post 1, no esperes más: #supersonicgirlenNY 2 ya está aquí.

Hay muchas cosas que contar de esta maravillosa ciudad. Incluso cuando hace frío. Sí, que ya os he dicho mil veces lo poco que me gusta el frío. Pues os quedan unas cuantas más de que os lo diga porque es así: no soporto el frío.

Así que a todas personas que estéis en el lado de lado de quienes no conciben existir con mil capas de ropa encima, que odian la ausencia de sol, días cortos, madrugar y que sea de noche, salir del trabajo y que sea de noche y que lo más cerca que quieras estar de la nieve sea con la escarcha del congelador de tu nevera: no vayas a Nueva York en noviembre. Ni diciembre. Ni cuando sea invierno básicamente.

 Si aún así, estás en Nueva York con temperaturas que sólo personas que se quejan del verano podrían tolerar, no te preocupes:
  • Hay cafeterías por todas partes y, por mucho que se queje la gente de los Starbucks, no os perdáis los Eggnog y Pumpkin Spice lattes. Tela de buenos.
  • Hay sitios donde puedes encontrar sidras calentitas, como por ejemplo, en el mercadillo que hay en Bryant Park, junto a la pista de hielo.
  • Lo que aquí entendemos por chocolate caliente, allí es un hot chocolate, que viene a ser leche con chocolate caliente. Reconfortante, sí, pero el chocolate espeso y las cosas claras.
  • Si piensas entrar en calor a base de algún brebaje alcohólico: estás en el país equivocado. Las copas son caras y te miden la cantidad de alcohol. A ver, si no de qué, les iba a gustar venir tanto a España, que te ponen los cubatas "a ojo".


Ellos lo llaman gin&tonic. Yo lo llamo: estoquécoñoes. Si no eres muy fan de la cerveza, prepara la tarjeta para tomarte una copa a gusto. Punto a favor: sus horas felices empiezan alrededor de las 16:30 por lo que vi en algunos bares.

Como ya os he dicho, pasear por Nueva York es ya de por sí una experiencia. Se te van los ojos, pero si de verdad quieres alucinar y darle una vista de 360º a la ciudad, es imprescindible que subas al mirador del Empire State. Lo hice el primer día, justo antes del atardecer y con el atardecer. Impresionante.

Tuve la suerte de que las vistas estaban despejadas, ni nubes, ni niebla o lluvia. Pero ese día llegamos a los -4ºC y con bastante viento. Hubo momentos que estar ahí arriba se hacía más que insoportable. No os preocupéis, hay zona cubierta.

Las vistas son impresionantes. Se puede ver todo Manhattan, al norte con Central Park y Harlem y al Sur con el centro financiero, la Estatua de la Libertad,  Tribeca, Soho... A un lado los barrios de Brooklyn y Queens y al otro lado Nueva Jersey. Y, por supuesto, algunos de los puentes que unen Manhattan con el resto de barrios.

NYC, New York City, no es Manhattan. Nueva York es el nombre del estado y luego está la ciudad de Nueva York, que se compone de los  boroughs o "barrios" de Manhattan, Staten Island, Brooklyn, Queens y Bronx. Así que cuando visitas NYC, normalmente sólo estás visitando Manhattan, que a su vez también se divide en diferentes barrios: Harlem, Broadway, Chelsea, Nolita... Igual que, por ejemplo, Brooklyn tiene Flatbush, Williamsbourgh...

Es normal, es que son espacios muy, muy grandes y de alguna manera se tienen que diferenciar. Si incluso en una ciudad pequeña como Palma esto ocurre, en una ciudad tan mastodóntica como es Nueva York, no va a ser menos.

Bueno, pues si habéis tenido la oportunidad de ver la ciudad desde el Empire State, no dejéis de ir al Top of the Rock en el Rockeffeller Building. Pero esta vez, de noche.

Tengo que decir que me hizo especial ilusión localizar el Flatiron, otro de mis edificios fetiche, desde el Empire State, por cierto

Se ve diferente. Se ve como en las películas, jajaja, una inmensidad negra en la que distingues perfectamente edificios y calles por el montón de luz. Es gracioso cómo van del palo eco-warrior para unas cosas, pero luego hay un despliegue lumínico que, saliendo de según qué estaciones de metro, no tienes muy claro si es de día o de noche fuera.



New York from Top of the Rock


Empire State from Top of the Rock

Os váis a jartar de ver el Empire State, que para eso, en su día, la liaron tan parda para que fuera el edifcio más alto de Manhattan. Lo mires por donde lo mires, es precioso.

Rockefeller Builiding, , New York
 
Nenis, el Rockefeller Building. Abajo, el árbol gigante que estaban montando. Se presentó e iluminó después del Thanksgiving.
Art decó a tope de power, por favor, no os perdáis su vestíbulo.

Rockefeller Center, New York

Unos ratito antes, vivimos uno de los momentazos americanos que vemos en las pelis: un chico vació la pista y justo en el medio, se arrodilló ante su chica y le mostró un anillo. ¡Delante de todo el gentío mirando!. 
Por supuesto, aplausos y paseo de honor con la cara de la chica muerrrrta de vergüenza.
Ah, que le dijo que sí, por cierto ;)

Rockefeller builiding, Top of the rock, Swarovski lamp

Esta mega lámpara de Swaroski está dentro del Rockefeller Building y es alucinante. Si un día hacen réplicas, haré subir los techos de donde quiera que viviera para tenerla. Digna del castillo de Elsa (Frozen).

Radio CIty Music Hall, New York

Las Rockettes estaban dándolo todo con su espectáculo anual de navidad.

Giant Christmas ornaments, 1251 6th avenue, New York

Y esto, señoras y señores, será lo más cerca que esté la MaraMansion de tener decoraciones navideñas. Estas enoooormes bolas gigantes están a los pies del edificio Exxon, justo en frente del Radio City Music Hall. Y en la esquina: una Magonlia Bakery. ¡Ñam!



Nueva York es la ciudad que nunca duerme, la del consumismo y la del todo a lo grande. Nada de esto tiene porqué ser negativo, que conste.

Pero también es una ciudad fabulosa que no te puedes perder si tienes oportunidad. Muy fan de:
  • sus calles y su arquitectura
  • del acento (lo siento, hace rato que le tengo too much tirria al británico, no puedo)
  • la iluminación (sí, la navideña también)
  • que no tengan putos villancicos puestos a todas horas
  • sus artistas callejeros
  • encontrar lo que necesitas, lo que se te ocurra y más
  • no haberme sentido como una extraña
  • que la gente me entendiera al hablar e incluso me dijeran que tengo buen inglés (ay omá, ¿en serio?)
  • los supermercados Whole Food por lo regonico que lo tienen todo colocado, la amplia variedad de sus productos, de su zona de cereales y frutos secos a granel, la zona de pastelería...
  • y porque los americanos se vuelven locos con la calabaza y hacen chorrocientas cosas riquisisisisisisisísimas con ella

Y hasta aquí, mi segunda entrega de #supersonicgirlenNY.



BruBru*, estoy lista para que ensayemos este clásico del musical. Aaaaayyy... odiamos el frío, otra cosa más que añadir a la lista WAPFEO (We Are Perfect For Each Other).




* Sé de buena tinta que muchos de vosotros, cuando escucháis, véis u os enteráis algo de Bruno Mars os acordáis de mí. Es bien. Mantened y propagad ese pensamiento. Algún día le llegarán y querrá conocer a la maravillosa criatura que soy ;)

lunes, 17 de noviembre de 2014

Si estás leyendo esto...

... quiero que sepas que o estoy volando hacia o ya estaré en Nueva York.

Probablemente no habré dormido nada de nada, porque a medida que se ha ido acercando el momento me he ido poniendo HISTÉRICA.

Normalmente no tengo problemas para hacer una maleta, pero la verdad es que esto de viajar a la Gran Manzana me ha intimidado más de lo que pensaba.

Como dijo el hermano de BB, mi compañera de viaje, habrá que pegarle un buen mordisco a esa manzana.

Tengo buena dentadura ;)

Lo que no sé es si voy a poder aguantar el puto frío que que llega en forma de ola polar-ártica-whatever. Porque claro, se pegan un otoño de temperaturas reguleras, llega mi momento de ir a dejar mi impronta... y les llega la puñetera ola de los coj...

Odio hacer maletas cuando hace frío.

Odio viajar cuando hace frío.

Odio ir a sitios donde hace frío.

Estoy acojonada nenis. MUY acojonada.

He pasado frío en Berlín, Londres, Bruselas... LEÓN. Pero no sé si estoy preparada para una ciudad tan p'al norte. No, es que además el rollito navideño ya está por todas partes ¬¬

Frío + ambiente navideño = lo puto peor.

¿En qué momento se me ocurriría a mí...?

Bueno, el caso es que he intentado prepararme lo que mejor posible:





Y claro, el pasaporte, vuelos, itinerarios...

Si nada me lo impide, mi instragram va a estar on fire.

Mientras tanto, quiero que sepáis que el hecho de haber dormido poco y tener ojeras no me preocupa lo más mínimo. Tengo un truco infalible para disimularlas:



Eso sí, yo llevo las cejas mucho mejor que esta chavala. Nunca viajes sin las pinzas de cejas.

Ni el cepillo del pelo.

Ni unas mínimas pinturas de guerra.

Eso que les ha pegado a las famosas de ir de trendsetters por la vida porque salen a la calle con la cara lavada... ¡jamássssss!. El día que lo hagas, te encontrarás a esa persona que menos querías encontrarte y te aseguro que será peor que enviar un mensaje en whatsapp sin darte cuenta de que el autocorrector ha hecho de las suyas.

Pues eso: ON FIRE.






miércoles, 12 de noviembre de 2014

SuperSonicGirl en Tenerife: capítulo final de flipar

Previously en SuperSonicGirl en Tenerife: 1, 2 y 3.

Doña Caye y yo pasamos unos días geniales yendo, viniendo, pedaleando, nadando, visitando, comiendo, bebiendo... y yo, especialmente, surfeando.

Tan especialmente que no puedo esperar para repetirlo. En cuanto pueda, empezaré a pensar cómo apañármelas para irme otra vez a sentir ese alucine.

Si puede ser sin neopreno, más mejor que bueno, la verdad.

Bueno, pues una vez llegamos "a casa", después de un día increíble de surf, de disfrutar del Teide, de el Médano y nuestro encuentro con Frances, preparamos nuestras maletas. Yo empecé a tener molestias en las muñecas, del día anterior con las bicis. Sobre todo en la mano derecha.

Planeamos nuestros movimientos, calculamos los tiempos, pusimos alarmas... y caímos rendidísimas.

Os recuerdo que estábamos en el sur de la isla y no se sabe cómo, no hay vuelos de regreso que salgan desde el mismo aeropuerto. Pero ni coincidiendo de milagro nenis. Así que nada, primerísimo vuelo de la mañana desde el aeropuerto del norte.

Se traduciría más o menos en una hora en coche por la autopista, tira, tira.

El culocarpeta (un Panda moñas que no tiraba ni con carburante de cohetes, os lo recuerdo) me lo quedé yo, ya que doña Caye salía del sur y ella podía coger un taxi sin que tuviera que pagar con una córnea.


Total, que sí, que caímos rendidas. Yo tenía que salir la prime, tenía que levantarme a las 4 para ducharme (después de llegar a las mil, recogí todo para tener tiempo de ducharme y despejarme antes de irme), cerrar la maleta y salir con el culocarpeta a las 5 para estar en aeropuerto a las 6, ya que mi vuelo salía a las 7 de la mañana.

Ese ERA el plan.

Si no hubiera sido porque el dolor de la muñeca me despertó y me dio por mirar la hora, no me doy cuenta de que puse la alarma a la hora correcta DEL DÍA SIGUIENTE.

Hice lo que mi nombre indica: ser supersónica.

Ni ducha ni leches, apenas me pude lavar la cara. Me despedí de doña Caye, la pobre me decía que no me preocupara y que la mantuviera informada. No la iba a ver en un mes, porque ella se iba para otro lado y después se me iba al otro hemisferio por trabajo. Salí pitando de allí a las cinco menos diez.

Tiré la maleta dentro del coche y le dije a la señora del Google Maps que por la virgen del pollo me diera el camino más rápido para llegar. Era todo autopista, sí, vale, pero lo jodido fue la parte que no lo era.

Puedo contar con los dedos de una mano, y me sobran, las veces que he conducido con ese nivelazo de concentración, tensión y agarre del volante. Ni música me puse, que es algo imprescindible para mí en prácticamente cualquier situación de mi vida.

Le pisé tanto al acelerador, que pensaba que se me iba a salir el pie por debajo del coche como Pedro Picapiedra conduciendo el troncomóvil.

Menos mal que no había apenas tráfico a esas horas, porque entonces habría sido algo así como en la peli Día de furia.
Durante los días que estuvimos por allí, vimos que había una parte de la autopista que intentaba rodear la isla por el otro lado. Digo intentaba porque está inacabada y nos dijeron que allí habían rodado la última entrega de Fast & Furious, Furious 7, aprovechando que no había coches circulando.

Muy del palo el aeropuerto de Castellón.

¡Me río yo de esos rápidos y furiosos! ¡JA! En esos momentos más rápida, tengo muy claro que no lo era, pero furiosa lo estaba un rato largo. Laaaaaaargo.

Ya estaba haciendo cálculo de lo que me iba a costar tener que pillarme vuelos nuevos. Nos os digo más. Increíblemente fui adelantando a los pocos coches que me iba encontrando. Seguramente ellos irían con tiempo sobrado, no como yo ¬¬

Y salgo de la autopista: ¿sabéis la de vueltas que hay que dar para llegar a la terminal?

Bueno, bueno, bueno... entré en un parking. Resulta que no lo era, porque estaba tan nerviosa que me pasé el parking de los rent a car. Sal de parking, habla con los que te contestan en el botón de información del parking, date otra vuelta, mira bien el cartel otra vez, luego el reloj, la señora de Google Maps diciéndote chorradas porque realmente no tiene ni pajolera idea de los parkings... otra vuelta más... ¡los nervios nenis!... entrar en el parking correcto, buscar el cartelito de la agencia... dejarlo en el lado de otra (lo siento, se me fue la pinza)... ir pitando a la terminal de salidas... una chica que me pregunta que si quiero plastificar la maleta, lo único que quiero plastificar ahora es el tiempo... buscar donde tenía que dejar la llave... me lo indican dos personas, yo que no lo veo, un policía me lo vuelve a indicar, tiro la llave dentro del mostrador, tal cual y ahí te quedas, ¡¿por qué no tienen un buzón-caja-algo en el parking donde tienen la oficina de entregas, nomejodasssss?!.

Vete a los monitores a ver desde qué puñetas puerta sale el vuelo, corre. Corre mucho. Tener ganas de meterte en una bandeja y que te pasen por el escáner de maletas para ir más rápido, la gente con una pachoooooorraaaaa... ¿la puerta?... ¿Dónde mierrrrrda está la puta puertaaaaaaa?

Los sudores de mi vida y pensando en que hacía unas horas yo estaba sobre una tabla de surf flipándolo a lo grande.

Y llegué a la cola.

Mi asiento era de los primeros en embarcar.

Me senté, casi me despeloto del calor que tenía, envié un mensaje a doña Caye y le pedí disculpas por no haber podido llenar el depósito del coche, hice una pelotilla con mi chaqueta y en cuanto el avión despegó: dormí durante casi todo el vuelo.

El resto fue ya más de tranquis: llegué a Barcelona, estaba lloviendo, volví a recordar la playa, el mojo, el Teide y el surf, me deprimí, me compré una chocolatina y un café, esperé una hora de retraso, cogí el avión, 40 minutos después estaba en Palma y 20 minutos después estaba en casa.

Usé la tarde para poner la lavadora, dormir una siestaca y en darme cuenta que yo debería haber pasado de mucha gente y comentarios varios y haber seguido mi intuición, porque resulta que al final va a resultar que tengo: me gusta la playa, las islas, el verano, si quiero hacer surf lo hago, si quiero mandar a la mierda el invierno, lo hago. Chim-pún.

Y al día siguiente, volví al trabajo, busqué destinos surferos, miré todas las fotos que había hecho, disfruté de MaraMansion... Esas cosas.

Antes de despedir esta serie de post sobre el viaje a Tenerife, quiero desveralos esa gran idea que tuvimos doña Caye y servidora durante uno de nuestros desparrames mientras subíamos y bajábamos carreteras.

¿Os acordaís de los culebrones de los 80? De los molones, los norteamericanos. Que todo eran lujos, maldades, divorcios, romances, hombreras, cardados, joyones, lentejuelas y la fabulosa de Joan Collins. Por supuesto.

Dinastía, Los Colby, Falcon Crest... aaaaahhh.. ya no se hacen cabeceras como esas. Que eran bandas sonoras casi tan largas como el episodio y estaban interpertadas por auténticas orquestazas. Superestronguer.

¿Y esas entradillas de presentación de los personajes?. Sobre todo de ellas, que siempre estaban de espaldas y luego se giraban en plan espectacular.

Lo que nos pudimos reír...

Se abrió la caja de la Pandora esa. Please, enjoy.



¡Pero qué arte tengo!. Ahí tenéis algunos de los sitios chulos que visitamos en Tenerife con todo nuestro parkinson a la hora de grabar y todo mi glamú. ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo?. Yeah.




martes, 4 de noviembre de 2014

Haciéndome muchas preguntas

Aún queda por contaros el último episodio de SuperSonicGirl en Tenerife (1, 2 y 3, por si todavía no te los has leído jeje). No se me olvida, de verdad, porque los de Fast & Furious son unas abuelitas al volante comparados conmigo. Y yo conducía un culocarpeta, nenis. Un disparate.

Pero yo vengo a contaros que ya he hecho el paripé del ESTA.


He superado un montón de preguntas súper complicadas como, por ejemplo, si tengo algún desorden mental.

Bueno, desorden, desorden... yo lo llamo más bien peculiaridad. Que esté un poco loca no implica que no pueda entrar en un país donde no sólo un Bush, si no dos, han llegado a presidente.

Es parte de mi encanto.

Aunque yo tenía idea, en un principio, de ir a San Francisco y que Nueva York me hacía más ganitas que "OMG! ¡Voy a ir a Nueva York!", tengo que reconocer que a medida que se acerca la fecha del viaje, me estoy poniendo así como nerviosa.

Quien más, quien menos, conoce Nueva York. A ver, ¿cuántas películas o series has visto donde salga la ciudad?. Pues eso, que quien más, quien menos, sabe de la estatua de la libertad, Times Square, el Flatiron o el Dakota, Central Park, Rockefeller Center, la tienda de juguetes de BIG (Fao Schwarz) o la pastelería Magnolia. Pero...

¿Cómo será estar allí?. ¿Ver todo eso "en persona"?. O-se-a... ¿me moriré cuando pasee por la mítica Madison Avenue, de donde salieron las más grandes campañas de publicidad?. ¿Me quedaré patidifusa cuando localice la estación de bomberos de Cazafantasmas?. ¿Durante cuánto tiempo me durará el dolor de cervicales al haberme pasado tanto tiempo mirando rascacielos de arquitectura flipante?.

Estoy un poco preocupada por el tema pasta. Quicir... ¿empeño alguna córnea o algo?.

¿Me mirarán mal en las aduanas?

¿Y si me preguntan si soy terrorista en plan rutinario y yo digo que sí por los nervios?

8-O

¿Habrá mesa libre para reservar en Serendipity?

¿Con cuántos kilos de más volveré?.

Yo misma, no mi maleta.

Bueno, mi maleta también, que no quisiera que me cobraran por sobrepeso en aeropuerto. Me da algo.

¿Los libros son igual de caros que aquí? Porque me gustaría ir a Barnes & Noble o alguna otra librería que alguien me quiera recomendar ;) ;)

¿Sabré contenerme o me volveré absolutamente loca y me gastaré mis próximas tres nóminas? (Ay por favor, esto me tiene mortificada, como os habréis dado cuenta, que soy una señora emancipada y responsable de su economía).

¿Me moriré de frío? (Escribo este post a las 20:47 y en Palma estamos a 21º C, para mí esto ya es casi gélido).

¿Cuántos bagels de salmón con aguacate es capaz de comer un ser humano de metro y medio de altura?

Como fan de las tiendas de los museos, ¿con cuántas bolsas saldré de ellas?

¿Seré capaz de contenerme las ganas de ahostiar a quien se ponga a cantar Imagine en el Strawberry Fields?

Y lo más importante: 

¡¿Alguien me descubrirá de una puñetera vez?! 



Porque ya lo dice la canción: If you can make it there, you can make it anywhere.




Sinatra: el puto amo.



No sé, nenis. Yo es que hasta que no esté allí no me lo voy a creer.




jueves, 23 de octubre de 2014

SuperSonicGirl en Tenerife, día 3

Previously en SuperSonicGirl en Tenerife...



Amanece y yo estoy emocionada, no: emocionadísssssima.

A photo posted by Mara Jade (@supersonicgirl) on


¿Por qué?

No os lo puedo explicar con palabras

Anda, dame el gusto y dale al play mientras me ves en acción ;)


Mi primera ola. La primera. Quiero decir: la primera ola y la cogí.

Probablemente sea una de las cosas más grandes que he hecho en toda mi vida.

Lo que sentí fue... INCREÍBLE-BLE.

Ahora no sólo sé que siempre quise probar lo que es el surf. Es que no se me dio tan mal y que una vez encima de la tabla, ¡no me quiero bajar!

Podría intentar explicaros mi cara de flipe, la piel de gallina que tenía (por cierto, neopreno totalmetne innecesario, el agua estaba buenísima), el corazón a toda pastilla... pero no hay palabras suficientes para que entendáis lo que sentí.

Desde entonces, no ha pasado un día que no piense en esa mañana, en esa sensación y en volverme a subir a una tabla. He ido a remar, a hacer paddle surf, incluso con el mar un poco movido pero no es lo mismo.

No sé, si te gustan los deportes acuáticos como a mí, una vez encuentras TU deporte, es imposible sacártelo de la cabeza. Si ya sabiais que soy una chica de verano, ahora también sabéis que el secano no es lo mío ;)

Otra cosa os diré: cuando sea una simpática millonaria, contrataré unos cuantos mozos de  espadas (y de muy buen ver) para que me ayuden a embutirme en el maldito neopreno ¬¬

Se acabó el momentazo surfer, yo seguí con mi flipamiento y llegando a una profunda conclusión: a la mierda, voy a salir del armario, a mí no me gusta pasar frío, desde hoy (en ese momento, no ahora) enfocaré mis vacaciones a lugares con mar, con sol y, ahora que sé que puedo, seguir haciendo surf/paddle surf.

Hay muy pocas probabilidades, prácticamente nulas, de que me encontréis en una estación de ski, en una expedición al Polo Norte y, si puedo evitarlo, en cualquier lugar del planeta cuando sea invierno.

Es así.

Bueno, voy a seguir contándoos.

Después de desembutirme del neopreno, mientras seguía en el alucine total que acaba de vivir, fui a recoger las fotos que nos hicieron a doña Caye y a mí durante el surf. Somos unas estupendas, lo sabéis.


La escuela a la que fuimos es K16 Surf en Playa de las Américas. Muy majos. Y muy guapos. Chicas ;) ;) Y bueno, muy pacientes, porque con la histeria que yo llevaba, chapó. No dejaron de animarme y yo creo que fliparon tanto como yo cuando vieron que podía ponerme de pie.

Seguidamente estuvimos en el bar de al lado de la escuela, Lo Squalo, donde tenían un cartel sobre cine surfero. Que me he perdido. Hhhhhhhmmmmm.



El Canarias Surf Film Festival. El año que viene hay que tener esto en cuenta.

Nosotras, no sólo teníamos que hidratarnos, es que también estábamos esperando a que llegara la furgo que nos llevaría de paseo por el Teide.

Sí, otra vez por el Teide, pero esta vez para dedicarnos a mirar y remirar mientras otro conducía.


¿Habéis visto ese color del cielo?. ¿Lo habéis visto?. Es lo más.

El lugar entero es lo más.





Y digo yo una cosa: ¿este paraje no os recuerda a películas ambientadas en otros planetas?

¿En alguno en particular?

¿En uno rojo?

¿En uno llamado Marte?

Que justamente en inglés se dice Mars.

¡TATE! ¡Otra señal*!

Bruno Mars y yo estamos destinados a conocernos, nenis. Lo miréis por donde lo miréis.

No os digo más porque no hace falta.

Bueno, bueno, bueno. Esta visita fue genial, no sólo íbamos viendo el paisaje y nuestro guía nos iba contando un montón de cosas. Hicimos muchas paradas, sí, para que yo hiciera chorrocientas fotos, pero sobre todo para mirar, mirar y mirar. Me gusta este paisaje volcánico, me gusta la rudeza de la roca, la diferencia de colores de la lava (la más nueva es negra, la más antigua es roja, porque con el paso del tiempo, el hierro que contiene se va oxidando, ¿veis lo mucho que aprendí?), el olor, los pinos canarios, tan altos, tan fuertes y con esas agujas tan largas...

Fuimos haciendo nuestro recorrido y llegó un momento en que a un lado teníamos la tarta, donde pudes ver el cambio de color de la roca a lo largo del tiempo.


Y al otro, el mar de nubes. Aaaaalucinante.


Pedazo de paseo brutal que dimos nenis.

Cuando llegamos de nuevo a la escuela de surf de por la mañana, para entonces ya nos habíamos hecho amigas de nuestro conductor, y nos regaló unas camisetas chulis de Roxy. Somos súper majas y nos hacemos de queré.

¿Cuál fue nuestro siguiente destino?. El Médano.

Allí habíamos quedado en el Flashpoint con Frances Houseman. Ella nos lo recomendó y allá que fuimos con nuestro culocarpeta.

Esa playa... ¡esa playa!


Gente, porque ya era tarde, pero si yo hubiera podido coger una tabla...

Entotá, que mientras esperábamos Frances Houseman, doña Caye se dio un  baño y disfruté de una Coca-Cola fresquita mientras repasaba todo lo que había pasado durante el día... y me pasaba el vaso frío por la cara, porque todo el sol del día me lo llevé yo.

Pero claro, quien se toma una Coke, también dice un par de mojitos.

Llegó Frances y tengo que deciros que es un encanto. ¡Qué señora!. Me enteré que lleva paseándose por este blog desde hace la tira. Ay omá. Y creo que una de las mejores cosas fue el pasar un rato estupendo como si fuera una amiga a la que hacía tiempo que no veía.

Como nos caímos las tres muy bien, decidimos quedarnos a cenar y deboramos unas hamburguesas de esas que te zampas cuando hay hambre y encima tienes la suerte de que estén buenísimas.



Nos despedimos con mucho cariño y doña Caye y yo fuimos hablando de todo lo que habíamos hecho durante esos días. Y cantando, por supuesto, que dimos con un tirón de canciones chorras que conocíamos que ponían en una emisora en inglés.

Y una vez llegamos al hotel, el triste momento de hacer las maletas ya estaba ahí.

Me dio una pena. Aún estando cansada, que en lo único que piensas es en meterte en la cama para que no pases de la alarma cuando suene...

Pero eso os lo cuento en el último capítulo.

Recuerdo esa ODISEA y aún no me creo que todo saliera bien.

Pues eso, os veo en SuperSonicGirl en Tenerife: capítulo final de flipar.

Hasta entonces, mensaje especial para Frances Houseman: gracias querida, gracias por la recomendación, por tu simpatía, por tu sonrisa, por todas las cosas que hablamos, por venir por este blog, por seguirlo, por darme la oportunidad de conocerte... Gracias :-*



* Que si queréis otra: la semana pasada fui a cenar con mi amiga Loba a un diner y justamente estábamos en una mesa donde había una matrícula de Hawaii. Yo no sé qué más necesitáis para darme la razón, la verdad.

jueves, 9 de octubre de 2014

SuperSonicGirl en Tenerife, día 2

Previously in SuperSonicGirl en Tenerife...

Doña Cayetana Altovoltaje y servidora, dormimos como ceporras toda la noche. Yo procedí a darme una ducha para quitarme la roña acumulada del día anterior. Seguidamente: a ponermos finas en el desayuno.

Atended al arte de Doña Caye con la comida más importante del día.




El día se levantó un tristón. Pero eso no nos impidió planear la mañana. Para eso recurrimos a nuestro culocarpeta querido, que nos llevó por una carretera con plantaciones de plantaneras a ambos lados. Y de mientras, nació una idea brillante. Pero como os dije en el otro post, tendréis que esperar un poquito para verlo jaja.

Llegamos a Los Gigantes. Estaba medio lloviznando y yo intenté imaginarme cómo sería verlo con sol. Un alucine.



Tenían estos barriles pintados, muy graciosos. Luego me fui dando cuenta que en otros sitios también los tenían pintados de diferentes maneras. Mola.



Después bajamos y estuvimos comprando plátanos y especias para hacer mojo, porque somos unas adictas y ya sabéis cómo son estas cosas. Que las dejas cuando quieres, pero es que, de momento, no queremos dejarlo ;)

Y como fuimos con mucha calma, también nos dio tiempo a que yo me comprara unos... ejem... leggins... sí... lo tuve que hacer. Con lo anti-leggins que soy. Matizo: lo soy porque al contrario de lo que muchas creen, los leggins, como el chándal, no son adecuados para todas ocasiones ni combinables con cualquier cosas te tires encima.

Os preguntaréis: ¿y por qué tuviste que comprarte unos malditos leggins?.

Pues porque en un rato nos venían a buscar para hacer una excursión en bici bajando desde el Volcán Pico Viejo y, no sé vosotros, pero si iba a hacer fresquito, la colección de pantalones cortos que me había llevado no me iban a ser de mucha ayuda.

Tela.

El día lluvioso, que a más de 2.000 metros de altura un poco de rasca hace, que yo lo paso fatal con temperaturas por debajo de los veinte grados... Entontá, que lo que para una persona de estatura normal es un leggins de corte pirata, para mí son de corte tobillero. Toma, toma, toma.

Evidentemente me tuve que comprar una camiseta de esas que te tapan lo que no quieres que los putos leggins muestren al mundo entero ¬¬

Jopetas, que yo no contaba con un día así. Me llevé unos vaqueros pero vamos, llevaba desde abril sin ponérmelos, que es cuando aquí empieza el buen tiempo y yo ya no aguanto ese tejido.

Osea, que doble preocupación: que no sólo tenía que ir con leggins, es que luego estaba la excusión en bici.

Yo. En bici. Que sé montar en bici, pero lo de pasar mucho rato en una bici... como que no. Soy más bien de deportes acuáticos, el secano no es lo mío.

Bueno, pues nos vinieron a buscar y fuimos subiendo otra vez por esas carreteras montañosas que el día anterior nos habían acojonado con esas nubes. Esta vez conducía otro.

Nos paramos en Vilaflor a esperar a la otra parte del grupo. Los monitores muy, muy majos, pero ahí que llega uno y... ¡copones!. Era la versión jovenzuela* y portuguesa de Anthony Kiedis. Cuanto más lo miraba más se parecía. Juro.

Bueno, pues que llegamos al punto de donde teníamos que salir.



Nerviosa andaba yo, claro.

A ver si no iba a aguantar, no quería morir despeñada por un barranco con la bici (¡qué poco glamour!), que si a ver si iba a llegar a los pedales (insisto: ¡qué poco glamour!)... Esas cosas.

Bueno, pues la bici, claro, la más pequeña. Los frenos bien.






¿Qué puedo decir?

Fue genial, ves los paisajes de otra manera, el olor que le daba la lluvia a los pinos es espectacular, poder pararte en algunos puntos para poder disfrutar de las vistas, meterte en una gruta por donde ha salido lava...




... y comer cosas ricas y de la tierra mientras tienes delante las montañas, los pinos, el mar y un sol que se estaba dejando ver.

Así sí.

Es cierto que la excursión fue de bajada. A mí no me ponen a pedalear montaña p'arriba pero vamos, cómo os lo explico. Los frenos los dejamos todos peladitos, eso sí. Ni molestias ni nada y los leggins de lo más prácticos: que hacía fresquito (que hubo un momento que se me durmió una mano y unido al rato de más frío, ufffff), p'abajo, que salía el sol, pos p'arriba.

Un poco de sobrecarga en las muñecas, eso tengo que reconocerlo.

La última parada fue en un pueblito precioso, cuyo nombre ahora no tengo narices a recordarlo, pero era una monada, con las casitas pintadas de colores. Muy cuqui.

De mientras, durante todo el recorrido, al primo lejano y perdido de Anthony Kiedis, Doña Caye y yo le caímos en gracia y nos pasamos casi toda la bajada y todas las paradas hablando. Muy guay, la verdad. Además, nos fue explicando cosas como la madeja de tubos que conduce el agua para cada plantación, huerto o zona de cultivo. El horror. No me quiero ni imaginar la pesadilla que debe ser que alguna tubería se estropee. Busca tú la fuga.

También nos contó cómo se cultiva el plátano. ¡Menudo trabajazo y qué poco valorado! Como casi todo lo bueno que tenemos en este país. Y yo desde aquí reivindico el plátano canario nenis, que está mucho más rico que cualquier banana.

Aunque sea el fruto del amor XD




Y bajando, bajando en bici y, hablando y hablando con el primo lejano y perdido de Anthony Kiedis, llegamos a nuestro destino. Una miniplaya de arena negrísima. Tampoco recuerdo el nombre del pueblo, pero esa playita era preciosa.


Aparcamos las bicis y brindamos con cava por un día estupendo.

Nos despedimos y nos llevaron de vuelta a nuestro hotel. 

Antes de cenar, como aún teníamos el subidón de la excusión biciclista, nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores. 

Disfruté de uno de las atardeceres más bonitos en Playa Fañabé.



Cenamos, hablamos del día, de las cosas que habíamos visto, repetí por enésima vez lo mucho que me gustan las Canarias, un paisaje volcánico, el calor, el acento canario... En definitiva, que me sentía como en casa.

Si hasta ahora pensabais que había disfrutado, no deberíais perderos el siguiente capítulo de SuperSonicGirl en Tenerife porque viví uno de los mejores momentos y sensaciones de toda mi vida.

En serio, toda ella.



Por cierto: casi 40 kilómetros en bici y no empecé a ser consciente de las horas sobre un sillín hasta unas cinco horas después de bajar de la bici.

Chimpún.








* Supongo que, a parte de lo de los leggins, también os estaréis preguntando que, con lo que me gusta a mí el cantante de los RHCP, cómo es que no hay foto ni nah... Me lo pasé tan bien y flipaba tanto con el parecido, que se me pasó.

No importa, un día tendré una foto con el Kiedis original. Tiempo al tiempo.

jueves, 2 de octubre de 2014

SuperSonicGirl en Tenerife, día 1

Queridos, hoy hace una semana estaba en Tenerife.

Fue todo un trauma volver. Estoy enamorada de las Islas Canarias. Adoro mi tierra, mi casa, mi Mallorca, pero de verdad: no puedo con eso de que tenga otoño e invierno. La perfección sería tener el tiempo canario. Es así.

En fin, que voy a ir por partes, porque creo que hacer un mega post podría ser demasiado... mega.

Para el poco tiempo que estuvimos, doña Caye y servidora, se puede decir que somos unas expertas del aprovechamiento del tiempo. También somos unas vagas de cuidado, pero es parte de nuestro encanto.

Bueno, todo comienza con nuestro encuentro a las seis de la mañana. Nuestro vuelo era el más primerísimo de la mañana hacia Barcelona.

La noche anterior yo había tenido que cerrar algunos asuntos de trabajo y, cómo no, hacer la maleta. Como siempre, me llevé más cosas de las que al final utilicé, pero más vale que sobre a que falte. Que eso también me ha pasado y me molesta muchísimo más.

Total, que allá que estábamos doña Caye y yo ya en el avión, echando un minisueño. Porque desde Palma a Barcelona, habrá como mucho unos 40 minutos.

Estaba cansada, claro, pero al mismo tiempo muy nerviosa. Como os conté, hasta que no solucionara el tema de mi transporte del sur al norte, estaba de lo más inquieta.

Pero mirad que me encontré con este mensaje tan chachi que tienen los de Vueling en sus bolsas para los que se marean.



Y me tranquilicé un poco. Lo suficiente para disfrutar de mi paseo por las nubes.



Llegamos a Barcelona y salimos para Tenerife.

Siestaca. Lectura. Aperitivos. Siestaca.

Tres horitas después, pisamos la tierra del Teide y a mí se me agolpaban las ganas de ir a ver todo lo que después coseguimos ver.

Y además, arreglamos lo del tema de mi transporte, después de flipar con una tronca que iba a un concurso de coctelería. Brutal. No quisiera imaginármela si fuera un congreso sobre fusión nuclear.

Miedito.

Pero bueno, el momentazo de mi transporte ya os lo contaré porque fue de traca, nenis.

Cogimos nuestro coche, al que bautizamos como el culocarpeta. Un Fiat Panda que aquello no tiraba ni p'atrás. Eso sí, correr, no corría nah, pero era de un sensible...

Llegamos a nuestro hotel y nos encontramos...


Eso de ahí arriba.

Un intento de cisne con una toalla.

O algo.

Fuimos derechitas a comer, porque teníamos un todo incluído y estaban a punto de cerrar el comedor.

Un camarero bastante gilipollas contestó con bastantes malas maneras a doña Caye y las dos nos quedamos un poco chof, porque hasta el momento, todos los que nos habían atendido habían sido muy amables.

En fin, muertas de hambre nos hallábamos. Imaginaos lo que es dejarnos sueltas por un buffet.

Una vez recargadas las pilas, hecho unas llamadas y gestiones para los siguientes días, cogimos a culocarpeta y decidimos hacer un paseíto para ir a ver el Drago Milenario. Yo estaba emperradísima en verlo. Me parece una joya de la naturaleza, eso no me lo podía perder.

Nos encomendamos a Google Maps y seguimos las indicaciones de la señora de Google fielmente mientras nos partíamos de la risa con sus pronunciaciones varias.

Nos paramos en Playa San Juan. A doña Caye, que es asturiana, le gusta el rollo océanos con sus olas y tal. No estaba muy convencida de bañarse aquí, porque es una playita tranquila y protegida. Una monada.



¡Que se me quería meter en el otro lado! Donde está prohibido bañarse por las corrientes. Ay madre, que no me lo quiero ni imaginar, que se me lleva una corriente a mi amiga a menos de 3 horas de haber pisado la isla.

Total, que dimos un paseíto por la playa, nos hicimos unas fotos, yo caminé descalza por la ardiente arena oscura, me vinieron tantos recuerdos nenis... Esa arena tan fina me quemaba los pies pero me aguanté porque la sensación de piel de gallina que me producía es uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia.

Nos metimos en el agua y, a pesar de que a doña Caye al principio no le apetecía, luego quedó encantada. El agua limpia, transparente, más fría que la del Mediterráneo... obviamente... le gustó. Nos gustó.

Y para celebrar nuestro bautizo tinerfeño...



¡Un mojito al sol! ¡Así sí!

Por cierto, encontré está planta por allí cerca. Es raruna, ¿alguien sabe cómo se llama?.



Después volvimos a encomendarnos a la señora de Google y a la ausencia de potencia de culocarpeta para dirigirnos a Icod de los Vinos, donde está el Drago Milenario.

Nenis, fue una de las experiencias automovilístias más surrealistas de toda mi vida.

Vale que la carretera era de montaña, bien jodida, con sus curvas, que se nubló, que medio lloviznó... Pero cuando llegamos al momento nubes. Nubes bajas. Nubes MUY bajas. Era como atravesar un fantasma eteeeeeeerno.

Subiendo casi todo el rato en segunda (nota mental: preguntar por el motor del coche antes de alquilarlo, vale la pena pagar un poco más), doña Caye poniéndose nerviosa, íbamos cantando chorradas que encontrábamos en las emisoras (poca variedad, por cierto), la cobertura se iba a tomar por saco, por lo tanto las indicaciones llegaban tarde... Digamos que el tema cartelería y señalética: regulero... que si la señora de Google nos redirigía, las nubes ahí dando por saco y envolviéndonos...

¡EL FESTIVAL DE LA CONDUCCIÓN! 

Hubo un momento que recurrimos a preguntar. Y llegamos. Llegamos bien. Y aparcamos. En un parking. Dato importante, recordadlo.

Tras unas poquitas vueltas encontramos cómo llegar adonde estaba el Drago.

Y yo caí rendida a sus pies.

¡Es preciooooooooso!



Una maravilla. Ojalá hubiera podido tocarlo.

Dimos una vuelta por el jardín y nos encantaron los cactus. En mi caso, es la única planta que sé "cuidar".


De todas formas, para colección de cactus, los del jardín de Lanzarote. No digo nada más.

Otra plantita maja que no tengo ni idea de lo que es (como si yo supiera mucho de plantas).



Ver el Drago Milenario con mis ojitos: hecho.

Acabamos en un restaurante comiendo papas con mojo (por favor, está tan rrrrico que aún puedo saborearlo) y queso asado con miel y, adivinad: más mojo. Yeah.

Estábamos rendidas nenis. Llevábamos en pie desde las 5 de la mañana.

MENOS MAL que nos dio por no alargar la cena porque el parking cerraba a las nueve. Recogimos a culocarpeta a las nueve menos dos minutos.

No quiero ni pensarlo. No, no, no.

A la vuelta conduje yo. Las nubes más cabronas, que no se veía nada. Y cuando digo nada es que era nada. Hubo un momento que un caracol reumático nos habría adelantado. Ahora que caen cuatro gotas. Bueno, ahora un poco más. La señora de Google yendo y viniendo... Y de repente a doña Caye se le ocurre hablar de la muerta de la curva.

Tela.

Luego sonó Rick Astley, nos pusimos a berrear y se nos pasó toh.




Yo estoy totalmente convencida de que estamos preparadas para cualquier rally. Después de esa odisea, ser piloto de rallies está sobrevalorado. Chimpún.

Cerca de la medianoche, llegamos al hotel. Yo, voy a deciros la verdad, no tuve narices de pasar por la ducha. Me puse el pijama y jamás se supo de mí hasta el día siguiente.

Pero ese día ya os lo cuento en el siguiente post ;)

Como adelanto os diré que Anthony Kiedis tiene un primo muy, muy lejano, sobreviví a una excursión en bici y se gestó una gran idea que muy pronto veréis.

No os lo perdáis.