lunes, 27 de noviembre de 2017

Jamiroquai es lo que necesitaba

Oh yeah!

Fui a DISFRUTAR el conciertazo que dio Jamiroquai este sábado en el Wizink Center de Madrid. Maravilloso. Increíble. Fantástico. Funky y soul. Y, sobre todo, una energía espléndida en el ambiente.

Porque lo que tiene Jamiroqaui, es que no sólo tiene buen rollo su música, es que lo contagia al resto de personal. Y si no voy mal, creo que éramos como unas 15 mil personas ahí metidas. De las dos horas y algo que estuvo dándolo todo, no dio opción a que te sentaras. Y mira que tiene canciones tranquilitas preciosas, pero... ¿ PA QUÉ?

Puntualidad británica nenis. Decían que el concierto empezaba a las 21:30. Pues ahí estaba ya la primera melodía, ese juego de luces total y ya todos en pie esperando a ver al chandalero más dicharachero.

Jay Kay, aunque ya con una curva de la felicidad notable, no decpcionó en absoluto. Y eso después de haber pasado por una operación en la columna hace unos meses y un catarrazo que lo dejó fuera de combate semanas atrás, obligando a la banda a anular algunos conciertos.

Pero ahí estuvieron todos, esa pedazo de banda con sus teclados, sus percusiones varias, su batería, ese guitarra y ese bajo y, par favaaaaar, esas señoras coristas, a cada cual más estilosa y divina. FAN.



Jay enfundado en su habitual chándal y zapas Adidas* Oregon y sus guantes. Pero aaaaay... ese casco-penacho de plumas luminosas con movimiento... Lo quiero. Lo quiero mucho.

De hecho, he decidido que pienso llevar eso en la cabeza el día que me case. Ni flores, ni leches, plumas luminosas p'arriba y p'abajo. Que si un "¿quieres a Bruno Mars por esposo?" por aquí, un "si, quiero" por allá...

En serio: lo quiero.

Y bueno, POR SUPUESTO, yo necesitaba bailar y cantar y de todo. Como la buena estrella del espectáculo frustrada que soy.



Y lo necesitaba mucho, porque mirad queridos, arrastro un año y poquito de mmmmmmierda, ¿sabéis?. Y a mí un Jay Kay me da la vida. Probablemente uno de los pocos tirillas que a mí me han gustado en toda mi existencia, por cierto, aunque ahora, ya os digo, incluso de lejos se le nota esa alegría de hombre casado y convertido en padre. Pobrecito mío, iba un poco ortopédico de movimientos, no al nivel de Maraya, porque lo suyo es insuperable. Pero vamos, que yo a este señor lo he visto prácticamente trepar por las instalaciones de los focos, que yo pensaba para mis p'adentros "de lo que tome, yo quiero, porque tiene que ser lo mismo que toma Flea de RHCP, me vendría estupendamente para no gruñir cuando madrugo".

Aún así, se estuvo moviendo por el escenario haciendo sus clásicos movimientos y algún juego de pies. Vamos, que el brikindans y el crusaíto se le dan estupendamente.

Los conciertos en sí mismos me dan la vida. Comprendo perfectamente la confusión que deben de tener algunos artistas, que subes a un escenario y te quiere todo el mundo. Absorbes todo la energía que te da un público entregado y luego, acabas, te metes en tu camerino/jet privado/suite de hotel del lujo/mansión... y que no es lo mismo. Entiendo esa soledad, la verdad. Pero sin jet, sin suite, sin mansión y, sobre todo, sin camerino. So sad.

Pero lo mejor de ir a un concierto de Jamiroquai, es que no es para un estirado, pocos artistas he visto tan agradecidos y que, después de 25 años de carrera musical, aún tenga esa sonrisa para atender a los fans antes de irse. Nos lo hizo saber varias veces lo buena gente que fuimos, y cuando le pedimos bis, iluminamos todo el sitio con los flashes de nuestros móviles para dejárselo bonico y convencerle. Volvió soltó un "you are amazing", tiró unas camisetas al público y empezaron a dar caña disco-funk de la buena.

¿Qué queréis que os diga? Yo me sentía muy en mi salsa y le agradezco infinitamente a la alineación de planetas, estrellas o lo que sea que hiciera posible que pudiera ir.

No tocaron Supersonic, que, por supuesto, es de donde saqué mi nombre, ni otras que me gusssstan un montón como Black Crow, King for a day, Feels just like it should, Seven days in sunny June, Tallulah o White knuckle ride**. Pero aaaay cuando nos dio el Canned Heat, el Automaton o el Super Fresh (2 de mis cancionzacas más prefes de su último disco, por cierto, junto con Carla)... Se lio parrrrrrda.

Una muestra con su mítico Cosmic Girl:




Ni os voy a mencionar que cuando se acabó el concierto me di cuenta de lo mayor que estoy, que cuando me fui a sentar, noté yo unas lumbares un tanto resentidas. Y unos pieses que me decían "jamía, dos horas y media de baile total no, que tú no estás ya para estos trotes".

Un poco sí. Ese día mi podómetro me dijo que había pasado de los 22 mil pasos, el pincheo del telonero (Deetron, crack) y luego el concierto. Me dicen que el meneo dura dos horas más y hubiera seguido.

Lo que llevo mal es el después, que voy con subidón, con procesamiento de información y me cuesta bajarme de mi Cloud 9 particular ;) ;)

Si alguien todavía duda de que ME ENCAAAAAAANTA Jamiroquai, que se lea otra vez el post.

Y ya otro día os cuento el resto del tiempo, que ahora me está sonando el When you gonna learn? (eso digo yo, when I'm gonna learn de una puta vez) y mi cuerpazo serrano me pide bailongueo del bueno por MaraMansion.








* mi marca deportiva favorita, por supuesto, anda que no supliqué yo por ese chándal de lentejuelas que llevaba Jon Davis de Korn. En cuanto me haga millonaria, pienso tener las Superstar y las Gazelle en todos los colores posibles. He dicho.

** Y podría seguir con una ristra interminable de tooooodas sus canciones porque por si no os habíais dado cuenta todavía: SOY MUY FAN.

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