domingo, 30 de octubre de 2016

De mi piel p'adentro

Todo parece estar bien y, de repente, una chispa, un detalle, una palabra, un algo, hace que todo ese "todo parece estar bien" se vaya a la mierda.



Por desgracia soy de esas personas a las que les cuesta un huevo hablar de lo que pasa de su piel p'adentro. Y digo hablar, porque por alguna razón, la escritura me resulta más cómoda. Supongo que por eso tengo este blog. Como he dicho en otras ocasiones, es MI blog y contaré en él lo que me dé la real gana. 

Poco me importa quien lo pueda leer. Aunque sé que os hace muchísima gracia cuando me pongo en plan despelleje, pero la verdad es que esa no era la intención primaria de este blog. No pasa nada, la mayor parte del tiempo soy la persona sociable y que pone algún comentario sarcástico por aquí y por allá y a la que no le pasa nunca nada y está divinamente.

Pues no. Porque como ya he dicho, de lo que ocurre de mi piel p'adentro suelo guardarlo bajo siete llaves, unas cuantas capas de hormigón, toneladas de aprensión y un miedo atroz a que me hagan daño. Así soy yo, sencilla como el mecanismo de un chupete.

Y os estaréis preguntando, "¿Por qué SSG, por qué?". Desde hace una temporada, soy demasiado consciente de que el año que viene cumplo 30 (otra vez) y no quiero seguir así. Pensaba que a medida que cumples años, las cosas son diferentes. Pero resulta que hay veces que las personas seguimos ciertos patrones de conducta sin darnos cuenta y que, es complicado resolverlos, si alguien no te suelta un "quieto parao" y te abre los ojos. En mi caso, yo ya tenía sospechas pero, supongo que gracias a eso de cumplir años, ahora lo veo claro, clarísimo. Cristalino.

Si repites siempre el mismo proceso, ¿cómo coño vas a obtener resultados diferentes?.

Voy a hacer uso de la escritura para perpetrar una buena vomitona.

Siempre me he sentido muy sola, nenis. Y siempre he tenido un terrible sentimiento de no encajar en ningún lado. Y si unimos esas dos cosas, lo que te da son unas ganas horribles de tratar de adapatarte a las circunstancias, aunque te toquen los cojones a base de bien. Tú pones tu mejor cara y sueltas un "no pasa nada" con tu mejor sonrisa.

Luego, te vas a casa y lloras un rato, así como aguantándote, para que no te pregunten qué t'ha pasao y que, encima, te echen la bronca por ser tan estúpida.

Me he adaptado tanto que, para ser sincera, creo que estoy realmente jodida a estas alturas de mi vida. Y eso que sólo mido metro y medio.

Como dijo Jack El Destripador, vayamos por partes:

Mi primera pareja, jamás me puso la mano encima, pero ese perfil de maltratador psicológico lo clavaba. Que si llegaba tarde, dónde estaba, con quién iba, a ver si te piensas que los tíos son tus amigos, lo único que quieren es pegarte un polvo... Era de los que, cuando me iba a casa, quería que le hiciera una llamada perdida cuando llegara. Diréis, qué mono, ¿verdad?. Ya, quería que se la hiciera desde el fijo, no desde el móvil. Luego me di cuenta de que lo hacía para controlar que estaba en casa. No le hacía ni puta gracia si le llamaba desde el móvil, porque a saber si le estaba engañando. Me apartó de mis amistades, de hecho, se quedó con algunas de ellas. A día de hoy casi que se lo agradezco, porque menudo hijodeputafalsodemierda me quitó de encima.

Me llegó a decir, que si alguna vez lo dejábamos, seguramente él se enrrollaría con alguien antes que yo. De hecho, cuando ya no estábamos juntos, incluso me llamó para decírmelo. Más majo...

Yo sólo quería a alguien que me quisiera, quería ser como las demás, que tenían novios y yo no había tenido nunca ninguno. Quería que me quisieran. Cometí errores de principianta, me fie de gente de la que debería haber huído, pensé que tenía amigos. No voy a extenderme más, pero no eran amistades de verdad y yo era más gilipollas de lo que pensaba que ya era. Ojo, que yo también sé que cometí errrores, ¿vale?. Pero parece ser que yo no merecía ser perdonada por haber tenido un novio subnormal y haber metido la pata en varias ocasiones, mientras yo tuve que aguantar a sus rolletes/novios uno tras otro.




Cuando se acabó, no me di cuenta en esos momentos, pero me liberé. Pasé los siguiente meses levantándome para trabajar, incluso en algunos de mis días libres, iba a casa, me duchaba y me metía en la cama. Y sólo os cuento esto, porque creo que es suficiente para que os hagáis una idea. Y porque no estoy preparada para soltar todo, todo y todo lo demás aquí.

A día de hoy, más de cinco lustros pasados, y sé que ese cavernícola semianalfabeto me rompió. Tal cual, me rompió por dentro. Cogió mi cerebro y mi corazón, los pisoteó, se rio de mí y encima me obligó a verlo.

Sé que yo era joven y tremendamente esssssstúpida, crédula e inocente, pero no puedo evitar preguntarme, cómo dejé que me hiciera eso.  



Mis otras dos parejas oficiales, después de ese grandísimo cabronazo, tampoco funcionaron. Con uno, no era el momento más adecuado y con el tiempo nos dimos cuenta de que no éramos compatibles. Él me dejó, tuvo una pequeña crisis familiar y por más que yo quería ayudar, básicamente me apartó vía sms, versión 2.0 del famoso post-it de Carrie.

No duramos ni un año, pero yo tenía todo muy reciente con el cavernícola (por eso nunca debí comenzar una relación tan pronto) y supongo que necesitaba mucho que alguien quisiera demostrarme que no todos eran así (exacto, y por esto otro, tampoco debí comenzar una relación tan pronto). Evidentemente, no todos son así, pero en mi cabeza ya sólo me repetía "¿por qué a mí? ¿qué tengo de malo? ¿por qué no puedo fijarme en tipos que no quieran joderme la vida?".



El otro, el de después del que me dejó con un sms, fue de esas cosas que te calientan el corazón. Era la primera vez que yo sentía algo así: calor en el corazón. Estaba ridículamente enamorada, o al menos creo que era eso. No podía creerme que ese tío tuviera ganas de estar conmigo, me hacía sentir muy bien, y yo quería estar con él, hacíamos un montón de cosas. Cada vez que le veía era como si hubiera hecho un viaje espacial y hubiera pasado meses fuera: me moría de ganas por verle.

Echando la vista atrás, era todo muy estúpido. Estupidísimo. Muy gilipollas.

No digo que fuera un príncipe azul, pero si lo hubiera sido, de repente, empezó a desteñir. Como esas prendas que a-do-ras y que te niegas a ver que están hechas un cristo, pero te empeñas en seguir poniéndotelas. Yo me negaba a ver las manchas del desteñido.

Me pasaba una semana sin saber de él y, locurón, me preocupaba por él. Me preocupaba de la única manera que ahora sé que no tengo que hacerlo: enviando sms (los móviles seguían siendo tontos por entonces) cada cierto tiempo intentando conseguir una señal de vida, ya que las llamadas no las cogía.

Y diréis, "deberías haberte olido la tostada". Y yo os digo que, efectivamente, aquello empezaba a apestar a quemao, pero yo le quería, ¿sabéis?. Le quería como no había querido a ninguno antes. Tampoco es que tuviera un dilatado historial de conquistas, porque nunca he sabido cómo lidiar en este campo, pero ya me entendéis.

Un día, lo enganché, le dije que qué coño estaba pasando, me dijo que un día se levantó, se dio cuenta de que conmigo podría ser muy feliz, pero que ya no me quería. Salió de mi coche, se fue al suyo y punto pelota.



Mi coche era por aquellos entonces una jovencísima Minera. Debía hacer un par de semanas que la tenía. A finales de mes, experimenté el primer despido de mi vida laboral. Así que tenía un coche que pagar, el único tío del que me había enamorado me dejó y luego me quedé sin un curro con el que no podría distraerme de la ruptura, ni pagar mi nuevo coche.

Fui encandenando trabajos y rolletes sin futuro. Los trabajos los dejaba por otros nuevos, sin futuro igualmente. Los rolletes, como nunca fueron más allá de algo sssssúper esporádico, a los que incluso, no vuelves a ver tu puta vida, me importaba un carajo todo. Alguno hubo un poco recurrente, pero cuando no hay sentimientos, todo es diversión y era lo mejor.  



Durante mucho tiempo, ahora os voy a dejar toh locos, mantuve un algo muy raro con un tipo que tenía pareja. Estaba antes de cualquiera mis novios (uuuuuh, esa laaaaarga lista). Me pillé mucho, nenis. Excepto cuando estuve ennoviada*, el pille que tenía con este tipo era superestronguer. Pero a base de hostias repartiditas en el tiempo, me fui descolgando hasta que sólo fue un aquí te pillo, aquí te mato. Y si había cualquier tipo de atisbo de cariño o sentimientos, me encargaba de soltar algún zasca. Y cuanto más lo machaba, mejor. Ya que nunca dejó a su pareja, pero terminaba recurriendo a mí, qué menos que soltar un poco de veneno de vez en cuando.

Lo que pasa es que no me daba cuenta que también me envenenaba yo.

Aquello fue algo muy loco que duró demasiado tiempo. Durante unas temporadas dejé de hablarle. Pero de alguna manera se las arreglaba para "encontrarme". Y ya, supongo que mis zascas no los aguantó más, y fue él quien dejó de hablarme. En cierto modo, ya era un poco hora. llevábamos jugando a esta puta mierda desde finales de los 90, ¿sabéis?. Por el momento, más tiempo de lo que él lleva casado con esa pareja que nunca dejó (yo misma me doy permiso para lanzar este zasca).

Y así ha transcurrido más de una década. ¿Ves esta raya? Pues como intentes sobrepasarla, te cruzo la puta cara. Este era mi plan.

Hasta que hace poco, sin darme cuenta, alguien la sobrepasó. Y no lo vi hasta que ha sido tarde.

Las condiciones que había, tampoco eran las ideales, pero yo no les di importancia, porque, eh, yo me adapto. ¿Qué iba a pasarme por adaptarme una vez más?.

Me he adaptado a:
  • mamones que me lo han hecho pasar putas en el trabajo y a los que espero que el karma les dé por el culo con una piña.
  • capullos que me preguntaban en entrevistas para unas prácticas no remuneradas, qué cómo es que a mi edad no tenía hijos y/o no pensaba tenerlos.
  • amistades que siempre te dicen eso de "tenemos que vernos, te echo de menos", incluidas las que también añaden un "eres una de mis mejores amigas", pero luego tienes que echar una instancia para quedar mientras ves su facebook lleno de fotitos de quedadas con sus amiguis chachis de vinos, de viaje, de fiestas después de rechazar ir a tu cumpleaños...
  • amistades que orbitan alrededor de sus parejas, ¡cuántas veces lo habré puesto por aquí, por diorrrrr!. Sólo se acuerdan de mí cuando están de "rodríguez", que viene a ser cuando sus parejas están de viaje o tienen planes con sus amigos. Entonces, oh sorpresa, se acuerdan de mí y, cuando alguna vez he dicho que no, ha sido como una ofensa.
  • sujetos que, sin tener el más mínimo reparo, reconocen que tienen churri, pero te entran igualmente. Llega un momento en que te planteas, ¿en qué momento les han cambiado el cerebro por una mierda muy grande?. 
Y me hice la loca, en plan, esto me importa un carajo. Esto es lo que es y va a durarme lo mismo que una camiseta blanca limpia: cerocoma.

Nos llevábamos gustando desde hacía tiempo, sin saberlo el uno del otro. Me pareció todo muy cuqui. Pero también tenía pareja. Seeeeeh, esa soy yo, tropezando con el Everest de nuevo.

Pero la dejó. Por primera vez en mi nefasta vida ¿amorosa?, un poquito de cordura viniendo del otro lado. Como quien no quiere la cosa, se notó que ya no había esa tensión en el ambiente.

Para mi sorpresa, aquello se alargó más de lo estimado en un principio. Y para entonces la raya ya estaba cruzada. Ni me dio tiempo a abrir bien la mano para dar un buen bofetón.

Y, de repente, notas comportamientos distantes. Cierta incomodidad en algunos momentos. Que, de estar flipada porque esa persona propone planes para hacer juntos, ahora se despide de ti con un "hasta la semana que viene". Sin opción a más. Excusas que son mentiras. Tanto, que le pillas en más de una. Pero no dices nada, porque recordad que yo me adapto a las circunstancias ;) ;) Que de repente te des cuenta de que algo dentro de ti te dice que eso sólo puede significar que hay otra. U otras. Eso da un poco igual. Lo que importa es que te sientes absurdamente gggggggilipollas por haber roto tu racha de más de una década sin dejar que nadie se acerque a ti para que, cuando reúnes un poco de valor, después de ensayarlos varias veces, para decir "no quiero ser sólo la chica de tal día a la semana, me gustas y no puedo seguir así", él te diga "sé que quieres que pasemos más tiempo juntos, pero yo no quiero estar con nadie".



Si habéis leído todo lo anterior, creo que es más que comprensible que ahora sólo quiera darme de cabezazos por haber sido tan tooooooooonta. Voy a repetírmelo de nuevo por si no me ha quedado claro: TOOOOOOOOOOONNNNNNNTAAAAAAA.

Es cuando te das cuenta de que tu patrón de conducta no puede ser más evidente. Me he adaptado a condiciones y/o situaciones que no me gustaban por no perder/dejar de ver a personas que no me daban más opciones. Porque, como he dicho antes, siempre he tenido dentro de mí un fuerte sentimiento de soledad y de no encajar.

Por lo que sea, yo no he crecido rodeada de familia, las mudanzas no ayudaron a que me sintiera perteneciente a ningún lado, un grupo o algo así. Me he esforzado mucho por encajar, con más o menos éxito. He querido involucrarme con grupos o personas que me parecían interesantes, que me atraían, pero por unas cosas u otras, de alguna manera terminaba entendiendo que eso no iba a pasar si la otra parte no ponía el mismo interés. Es cuando ya dejé de intentarlo, cuando en un momento mi cabeza hace click y decido que es mejor dejarlo.

A veces me he llevado agradables sorpresas, pero la mayoría han sido rotundas decepciones. Varias veces he comentado lo que me cuesta aceptar que algunas personas no están destinadas a estar en mi vida para siempre y que sufro una especie de luto.

Personas que, en la mayoría de los casos, han terminado haciéndome daño, ya sea consciente o insconcientemente. Pero que, al fin y al cabo, he sido yo la que se ha llevado la hostia.




Supongo que también me di cuenta en algún momento, que eso también implicaba que yo tampoco iba a estar en sus vidas. Con la diferencia de que, probablemente, a mí me importara y a esas personas les sudara la polla.

Paso por un momento, llamémoslo existencial, un poco en crisis. He sido rechazada, again, por alguien que me gustaba. Después de tanto tiempo, por fin alguien me gustaba. Anyway, me siento mal. Estoy triste, estoy llorando mucho en las últimas semanas y, aunque tengo un montón de historias que contar sobre mis momentos musicales de este mes, que he asistido a unas charlas estupendas** y que me apunto a cosas para no estar en plan...


... En realidad no me apetecen nada y sólo las hago para no llegar a un punto al que no quiero volver.

Quiero que me quieran y quiero querer, como cualquier otra persona. No soy un puto bloque de hielo, aunque quisiera serlo. Pero a día de hoy, ya sólo me conformo con que no me hagan daño.

Por favor.

Mi amiga RuPaul tiene taaaaanta razón...







* Vale, confieso que una vez besé a alguien mientras tuve una de esas parejas, no me gustó la sensación de después. Nunca más volví a hacerlo.

** En algún momento os lo contaré, sé que hay que escribir sobre las cosas lo más pronto posible, por eso de aumentar visitas en el blog y tal. Pero este blog le importa un pepino (= una mierda) a la mayoría de la población y yo no gano nada con esto, así que seguiré con mi tónica de escribir cuando me salga de las narices.

2 comentarios:

Athelas dijo...

Ahora mismo sólo quiero darte un abrazo.

Mara Jade dijo...

No lo hagas Athelas. Tengo la lágrima más fácil a este lado del Mediterráneo. Por el momento.

Pero gracias :-*