martes, 8 de diciembre de 2015

#supersonicgirlenLanzarote, porque ya era hora

A poco más de un mes de haber vuelto de mis vacaciones en Lanzarote, me voy a dignar a contaros un poco sobre ellas.

Soy así. Generosa.

Para empezar os recordaré que cuando empecé mis vacaciones, el lunes era festivo. Pues estuve currando unas cuantas horas.

"Bueno, bueno, pero el martes ya, por fin, ¿no?".

Pues no.

"Vaya... entonces ya sí que sí, nada más después de eso, ¿verdad?".

Si os digo que mientras buscaba mi asiento en el avión, me preguntaban si podía conectarme a Skype, ¿cómo se os queda el esqueleto?.

¿Y si os digo que al llegar a Madrid, tuve que conectarme mientras comía y esperaba el siguiente vuelo?.

"Putada".

Pue esí.

"Entonces, ¿esas horas extra te las pagarán?".

¿Fue Rajoy al Debate Decisivo ese de A3media?.

Pues eso.

Total, que por fin llegué a Lanzarote.


Una foto publicada por Mara Jade (@supersonicgirl) el



Y os prometo que fue como llegar a casa.

Esto ya lo he dicho más veces cuando he ido a Canarias, pero es que resulta que Lanzarote SÍ fue mi casa durante un tiempo cuando era igual de alta que ahora, pero con unos cuantos años de menos.

Después de esperar un buen rato a que una sola persona atendiera a una pequeña cola de gente que teníamos nuestro coche pendiente de recogida, por fin conseguí llegar a mi casita. Y sí, digo casita porque era una auténtica monada y en una zona muy tranquila al norte de la isla. Concretamente en Órzola. Cuando viví en esta maravillosa isla, fue en el sur, en un pueblo llamado Tías. Así que fue increíble poder estar más tiempo en el norte.

La casita estaba en "el campo". Entre comillas, porque el campo conejero no tiene nada que ver con lo que alguien de la Península o, incluso nosotros, los de Baleares, podríamos esperar. Este era mi jardín. Mi estupendo y precioso jardín.

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Me encanta.

Mi casita era encantadora. Y digo esta palabra por no decir cuqui, jaja. La dueña la tiene preciosa, con una decoración muy funcional y bonita, aprovechando el espacio y, al mismo tiempo, conservando lo típico de las casas de la zona. En resumen: que cuando vuelva, me la vuelvo a pedir. No hay más.

Estas vacaciones estaban pensandas para hacer surf y volver a recorrer la isla para ver todos los sitios que ya conocía y comprobar cuánto habían cambiado.

Para mi statisfacción os diré que la isla ha cambiado, en cuanto a que los pueblos han crecido, evidentemente. Pero el resto... ¡es una maravilla!. Todo está cuidado, conservado como debe estar, son las personas las que se adaptan a la isla y no al revés. Y algo que me da mucha rabia decir porque debería ser LA NORMA: limpieza. Lanzarote es una isla verde. Y no por el color, sino porque verdaderamente da gusto ir por las carreteras tranquilamente, nadie corre (excepto algún cani, que, por desgracia, también los hay), las calles de los pueblos están impecables, los lugares turísticos son de diez... Bien podría Mallorca aprender un poquito.

¿La gente? Muy amable, excepto algún energúmeno que me encontré en Arrecife que iba del palo "estresado de la capital" que me soltó un "y de prisita". Como la señora que soy no me digné a dirigirle la palabra pero le dediqué mi mejor sonrisa mientras le saludaba cortesmente tal que así:


Estreses a mí. No tienes ni puta idea, atontao.

A todo esto, mi estancia en Arrecife duró unas dos horas, si llegó. Con todos mis respetos, puede que sea una de las ciudades más feas de España. Pero bueno, teniendo en cuenta que Lanzarote es una de las islas más preciosas de España, bueno... no podía ser todo perfecto.

Ni siquiera me había planteado ir si no fuera porque yo misma con mi carisma y toda mi torpeza, cerré la puerta del maletero con mi iPhone en medio.

Jamásssss se me había roto la pantalla de ninguno de mis teléfonos. Jamássssss.

Para todo hay una primera vez y casi me da algo. Júrolo.

Se volvió a confirmar que soy una tecnoadicta y no me avergüenza reconocerlo. Removí cielo y tierra para encontrar un sitio donde me pudieran substituir la pantalla y que me dijeran que sólo era eso. Era domingo. Para mi sorpresa: sobreviví todo ese día y parte del siguiente sin smartphone.

Seeeeeeh, soy una campeona.

Una campeona con iPad XD

Al día siguiente, con el wifi que me ofrecía mi casita de campo conejera, Google Maps me mostró el camino. Así es queridos, puede que la señora de Google Maps no te vaya dando instrucciones, pero sigue marcándote ande andas en el mapa ;)

Llegué, incidente con el "estresao" de turno, dejé a mi querido, adorado, mi mejor relación, mi proveedor de casi cualquier cosa... mi iPhone, en manos de desconocidos... desayuné en un bar cercano... con wifi... leí las noticias de mis diarios favoritos... y de los que odio, para contrastar... contesté emails, planeé los sitios que iba a ver ese día.... y una hora después y 90€ menos, tenía otra vez a mi pequeño entre mis manos.

Salí zumbando de Arrecife, por supuesto.

Durante mi estancia en Lanzarote, pensaba hacer surf todos y cada uno de los días. Pero no pudo ser, fue esa semana en la que hubo unas lluvias de la hostia en Gran Canaria y en Lanzarote lo que hubo fueron unos vientos tan brutales que se suspendieron las sesiones. Recordad que yo soy principianta, así que me gusta tener instructores que me recuerden que por mucho que yo quiera, lo de llegar a ser como Kelly Slater (ma-to), Rob Machado, Aritz Aramburo o Stephanie Gilmore, casi que no. Que los tubos de agua para más adelante y ya tal.

Cuando no pude hacer surf en una zona, me busqué otro sitio donde sí pudiera. Y tengo el placer de comunicaros que pude cabalgar (qué me gusta un tirarme el moco) mi primera ola de verdad, no las espumas de meganovata. No hay fotos como cuando estuve en Tenerife, pero la sensación... ¡LO MÁS GRANDE!.

¿Qué debía tener? ¿Poco más de medio metro? Lo primero que pregunté fue: "Eso era una ola de verdad, ¿verdad? ¿eh? ¿era de verdad o tiene que ser más alta?".

Era de verdad.

Una chorrada para quien lleva la vida haciendo surf, pero para alguien que está más familiarizada con una tabla y un remo: ESA OLA ERA DE VERDAD.

Por eso sé que el resto de las vacaciones que me queden en mi vida, puede que en alguna ocasión vaya a lugares donde no, pero básicamente mis destinos van a estar destinados a poder practicar el surf. No llegaré a ser profesional. Ni siquiera mínimamente buena. Me la pela. Estar en el agua, distinguir cuál es la ola, subirme a una tabla, conseguir el equilibrio... No hay nada igual.

A todo esto, súper gracias a la escuela La Santa en Famara, porque fueron geniales, a pesar de que no pude hacer todas las clases que hubiera querido con ellos. En los otros lugares, bien, pero si os tengo que recomendar un sitio, mirad el enlace.

Dejadme que lo diga una vez más, porfa: LO MÁS GRANDE.

De Lanzarote me llevo:
  • Mi visita a La Graciosa y caminar descalza por sus calles de arena, como cuando era pequeña y vivía en Corralejo. Me trajo tantos recuerdos...
  • Enamorarme otra vez del paisaje de Timanfaya.

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  • Adorar la tierra negra y roja de toda la isla y las palmeras de Haría.







  • Decidir que si alguna vez tengo una piscina tiene que ser como la de los Jameos del agua y que mi futura beach house tendrá un aire entre la de César Manrique y Lagomar.



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  • Que volveré al grill del Volcán de la Corona a darme un homenaje y deleitarme con sus sales caseras (la de frambuesa fue todo un placer).



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  • Su tarta de piña es algo más que pecaminosa.








  • Que La Graciosa se ve mucho mejor desde fuera que dentro del Mirador el Río.



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  • Disfrutar en silencio de la Cueva de los Verdes y su "sorpresa" que no puedo desvelaros ;)



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    • Levantarme al amanecer y no gruñir al ver la maravilla que tengo ante mí y que me pasaré las siguientes horas subiendo y bajando de una tabla de surf.

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    • He hablado de mi futura beach house y piscina. Mi jardín será como el el Jardín de los Cactus, sin ninguna duda. Es el jardín más precioso que he visto nunca. Recuerdo cuando lo abrieron, eran cactucitos en su mayoría. Ahora es el lugar donde me pasaría las horas mirando cada especie, sus tonalidades de verde, sus espinas, sus pelusillas...
    • Famara es EL LUGAR. No sé cuando, pero yo sé que algún día pasaré allí más que unas cuantas horas para hacer surf. Esa playa, esos riscos majestuosos, esas olas, esa arena, su sonido y ese olor de mar...

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    • Los barcos pesqueros de La Santa.


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  • EL MOJOOOOOOO, ay omá, el mojo. Y las papas, el pescado y un Arehucas con hielo. 






  • Las playas, el sooool...




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    Visitar mi antiguo pueblo (el último en el que viví y muy hasta el moño estaba ya entonces de vivir en pueblo y no en ciudad, aunque como ya he dicho, en Lanzarote mejor vivir en pueblo) fue todo un shock. Había crecido más de lo que yo esperaba, me costó reconocer casi todo. Tuve que buscar la iglesia para situarme. De ahí encontré nuestra antigua casa. Me hice mi antiguo camino hacia el colegio, pero habían construído por en medio. El colegio seguía igual y recordé mi odio por el balonmano. No comprendo cómo puede gustarle a la gente ese deporte. Bueno, básicamente es que odiaba todos los putos deportes de equipo que se daban en la clase de educación física. Pero, sin embargo, el momento badminton me entusiasmó.

    En ese colegio conseguí mis mejores notas en mates. Siempre recordaré a Don Abraham como uno de mis profesores favoritos. Nunca más me volví a interesar por las mates como en sus clases. Me deshice de ellas en cuanto pude.

    Recordé los carnavales, a mis amigas de entonces, reconocí las casas de algunas de ellas... y poco más. Como yo lo recuerdo, Tías era un pueblito y ahora se ha convertido en un pueblo. Ni bueno, ni malo, es que estaba tan alucinada por el cambio que no me dio tiempo a evaluar si me gustaba o no.

    Si tuviera que elegir, desde luego Famara sería una de mis opciones, pero aunque el resto de la isla está bastante bien en cuanto a carreteras, si tenemos en cuenta que las autopias no son necesarias y, sinceramente, adoro conducir con ese paisaje...


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    Resulta que llegar allí es bastante complicado, porque hay que dar muchos rodeos. Pero supongo que si valoras que el lugar es el mejor para surfear, es tranquilo, las calles son de arena, de la mayoría de las casas del pueblo tienes el mar a un escupitajo de distancia y el ambiente es de lo más relajado y buenrollista: compro.

    Prefiero un sitio cerca del mar, es así. Pero sí que es cierto que no tiene las comodiades de una ciudad. Pero aún así, me parece más preferible a vivir en Arrecife, por ejemplo. ¡Qué grande sería pasar el invierno en Lanzarote!

    No creais que no me planteé. Muy seriamente.

    Demasiado seriamente.

    Tanto, que aún no he abandonado esa idea.


    Mientras sigo cocinando esa idea, planeando siguientes pasos y descubriendo lo que va a pasar en mi vida, espero que os haya gustado mi crónica vacacional de mi estancia en la maravillosa Lanzarote. Más fotos en mi Instagram con el hashtag #supersonicgirlenLanzarote.



    Pd: le empecé a coger gusto a los selfis, pero lo cierto es que cuando viajas sola, es complicado salir en la foto y, además, es una buena manera de que la SSFamily sepa que sigo viva.




    1 comentario:

    Anónimo dijo...

    adoro Lanzarote.
    y, como tu, odio los deportes en equipo y me gusto jugar a badminton.
    y adoro Lanzarote.
    besote,
    LP