lunes, 12 de octubre de 2015

Como ya sabéis...

... os debo un post sobre mis días en Berlín de hace un par de semanas. Pero va a tener que esperar. Si es que me llego a acordar (que también sé que se me olvidó terminar el viaje a Menorca, siejqueeee...).

A esta paso no voy a dar abasto con los viajes nenis. Acabo de volver de Murcia, qué bonica ereh, de la boda de una gran amiga. Una boda muy salvaje y en la que no pude dar todo lo que yo podría haber dado, pero dado el estrés, la tensión y la mala hostia acumulada, dad gracias que aún aguanté en mis zapatos de stripper doce horas como la rockstar que soy.

Una foto publicada por Mara Jade (@supersonicgirl) el

Y cuando digo que fue salvaje, es que lo fue. El tema de la boda era la música house. No os quiero de disí la que se pudo liar ahí con temazos de nuestra generación y que fueron avanzando a los más actuales. En fin, salió la bailonga que llevo dentro y sólo me faltó subirme a una mesa o similar.

No lo hice.

Para no variar, fui sola y aunque hice amiguitos y casi todos sabían que era Mara "la de Palma de Mallorca", tampoco era plan de acabar la celebración siendo conocida como Mara "la que se cayó de la mesa y se le vio hasta el alma".

El día anterior, viernes, había estado currando hasta el último minuto para ir al aeropuerto. Despierta desde las seis de la mañana, yeah.

Estaba buscando mi asiento en el avión y aún me llegó algún mensaje de la oficina. Tócate.

Llegué a Alicante, cogí un coche, conduje y llegué para darle un abrazo a mi amiga A. Hacía unos cuatro años que no nos veíamos. Nos conocemos desde el 99 y podemos contar con los dedos de las dos manos las veces que nos hemos visto en persona, pero es de esas amistades que, no sabes cómo, se mantienen ahí. Es genial.

Entotá, que cerca de la una de la madrugada me estaba metiendo en la cama, después de estar tomando unas copichuelas pre-celebración.

A las siete menos cuarto, levántate, que a y media había que estar en la pelu.

Pasé de esto:


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A esto:
Una foto publicada por Mara Jade (@supersonicgirl) el


¡Ay, la magia del maquillaje y el peluquerío!

La verdad es que se lo puse muy fácil a la chica que se tenía que ocupar de mí. Le dije: "quiero el peinado y el maquillaje de Liz Taylor, mira esta foto y cópiala todo lo que puedas".


A ver, que yo no tengo ni su pelazo, ni sus ojazos, ni una décima parte de la belleza que tenía esta señora, pero qué queréis que os diga, mancanta.

Y bueno, no tengo foto de mi look, pero mi vestido era más o menos tal que así...


Pero con tirantes (escote, evidentemente, if you got it, flaunt it) y el largo de la falda era por la rodilla. Y llevé un cinturón con unos apliques dorados en la parte frontral. Los zapatos ya los habéis visto.

Vamos, que ya avisé que lo mío era un brillismo muy en plan bola disco y drag queen. 

Mi estrategia para estos eventos a los que tengo que ir sola, es plantarme en un sitio con el mayor ángulo de visión posible para cotillear todos los modelitos de las invitadas y donde el paso de los camareros con bandejas varias sea fluído. Y como encima tenía cerca una barra, me hice ahí con un mini-bufet y me agenciaba los Martini rojo de dos en dos. Que hacía mucha caló.

A las cinco de la tarde, todavía seguíamos comiendo. Me quería morir. Como todas las bodas murcianas sean así, tela.

Yo ahí con mi agüita y una sola copa de cava para brindar. 

Llegó la fiesta y empiezan a sonar esos temazos bailongos de los 90 y vamos llegando a Calvin Harris y compañía.

¡Que viva la barra libreeeeee!

Me mantuve hidratada con tres gintonics, alternando con agua con hielo, y a bailarrrrrrr.

Una cosa...

A las diez y media de la noche yo ya no podía con las lentejuelas de mi vestido. Con ninguna.

Decidí retirarme.

Una hora después, ya me estaba metiendo en la cama, previa ducha e ibuprofeno. Los pies bien, pero los tobillos no era ni normales.

Los novios llegaron a casa a eso de las seis de la madrugada.

Cracks.

Al día siguiente, con los novios, nos dio por la comida basura, nos reímos un montón con fotos y recordando momentos. Volví a coger el coche, me otra vez a Alicante, me di el capricho de un pumpkin spice latte y al llegar a casa, ni deshice la maleta: me dediqué a dejarme llevar entre el sofá y la camita.



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Todo muy salvaje nenis, muy salvaje.


Por cierto... el jueves me voy a Lanzarote.

Chimpún.