sábado, 3 de octubre de 2015

Antecedentes

Como sabéis me fui a Berlín a ver a mi banda favorita: U2.

Versión corta de mi crónica: no sé cómo, pero consiguen tocar algo dentro mí que hace que los adore.

De todas formas, estoy segura de que preferís la versión larga, porque hay fotos y todo eso ;) El resto de días ya os los cuento más adelante, porque la verdad, es que han dado para mucho.

Creo que alguna vez me he preguntado, ¿qué pasaría si U2 y Madonna salieran de gira al mismo tiempo?

Aunque Her Madgesty no estuviera en su plan repetitivo, lleno de curas, monjas, cruces y pesadeces varias contra la religión católica y momentos erótico-festivos... lo siento, pero es que ha sido muy fácil elegir: U2 FOREVER.

Ya me sabe mal Madge, te admiro y te sigo desde que era niña, incluso cuando mi madre ponía el grito en el cielo porque a su hija le gustaba una pelandrusca oxigenada, pero a mis tiernos 10 años, este grupo se metió en mi adn y ya no hubo nada que hacer. A día de hoy, tú me tienes un poco harta. Que sí, que tu montaje será increíble, pero ya necesitas una temporada de reinvention, querida. Basta.

¿Nunca os he contado cómo se produjo el momento en que U2 se convirtió en mi grupo favorito por siempre jamás? En este post os lo quiero contar, porque me siento nostálgica al darme cuenta, por primera vez, de todos los años que soy su fan.

Os voy a poner en antecedentes primero, es muy importante que sepáis en qué momento Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen se conviertieron en mi banda más prefe en el mundo mundial y el espacio sideral. Os cuento lo del concierto en el siguiente post. 

Estaba en casa de mi mejor amiga del cole. Ella tenía una hermana mayor y, una tarde mientras nosotras jugábamos, esta chica puso With or without you y subió el volumen. El caso es que pasaron las semanas y cada vez que iba a jugar, la hermana mayor tenía puesto siempre The Joshua Tree. Tengo que reconocer que para entonces ya me sabía casi todas las canciones y algo estaba pasando en mí, pero le solté a mi amiga algo así como: "tú hermana es súper pesada, ¿no tiene más cassettes?".

Otra tarde en mi casa, viendo Tocata (súper fan de este programa, no me perdía ni uno), dicen que van a poner un vídeo de no sé quién... y empieza a sonar With or without you. Rauda y veloz, reconocí la música y me dispuse a descubrir quién narices eran los que ponían banda sonora a las tardes de juegos después del cole en casa de mi amiga.

Y se produjo el milagro. Quedé inmediatamente fascinada por ese vídeo, con cachos en blanco y negro, y por ese Bono con coleta, su guitarra a la espalda y ese chaleco, sin nada debajo a pechaco decubierto.


Y me enamoré. Pero de enamorarse de vedad. Recuerdo el momento exacto en que hay una mirada de Bono en ese vídeo que supe perfectamente que él iba a marcar algo en mí.



Por si no lo sabíais, aunque soy chica de ciudad, me crié en un pueblo costero, que en verano, bien, vale. Sin embargo en invierno era un maldito pueblo fantasma. Pero los SSParents, cuando se casaron, se compraron el típico pisito que todas las parejitas de bien tenían que tener: boda, piso, hijos... esas cosas. Así que mientras los de la ciudad se escapaban a los pueblos, nosotros nos íbamos a la ciudad, que allí estaba el Pryca y aprovechaban para hacer la compra masiva.

A mí me encantaba: mis padres me soltaban en la sección de música porque sabían que de allí no me movería rebuscando entre vinilos y cassettes. Recordad que yo tenía 10 años, lo de visitar tiendas de música por mi cuenta era inviable y meter a mis padres en un sitio donde se vendía "ruído" y "cosas que no tenían fundamento ni provecho" como que no.

Total, que yo me quedé con el nombre de la banda. Udós. Empecé a rebuscar y vi que era U2. Bien, primera cosa a memorizar. La primera portada que encontré fue la del War. Subidón. ¡Y había más discos!. Subidón-subidón. Osea, que ya tenían una trayectoria. Y luego vi la portada de The Joshua Tree. ¡Y no tenía a nadie con quien compartir mi emoción!. Ahí estaban, Bono fue el blanco de toda mi atención. Porque el October no lo tenían y no pude verlos en sus años mozos jajaja.

Desde ese momento decidí remover lo que hicera falta para conseguir escuchar TODO lo que hubieran publicado. Misión casi imposible porque a ver cómo le explicaba yo a SSMom que me había enamorado de un tío que tenía pelazo, que tenía una banda, que yo ya había nombrado como "mi prefe" y que estaba segura de que eso iba a ser para toda la vida. Lo de comprar cassettes originales para mi walkman.... pffff... tela... Era como darse cabezazos contra las paredes.

Ahora tengo la discografía de U2, hasta el Achtung Baby en cassette. Luego me la volví a comprar enterita en cd. Los conciertos en aquel tiempo, en vhs, y luego me los compré en dvd. Y cuando mi madre se enteró de lo que me costó una caja rollo edición limitada, que pagué con los ahorros de mi paga, sólo me dijo: "como se entere tu padre..."

Jopé, ¡este era mi rollito!. ¿Es que no se daban cuenta de que yo ya tenía muy claro lo que iba a ser mi vida?. Desde que tengo uso de razón, literalmente:
  • Me podían dejar horas infinitas en el agua (playa o piscina), ¿en qué momento se les ocurrió que me gustarían los deportes de secano?
  • Me dedicaba a dibujar figurines de mis propias colecciones de moda, hasta dibujaba mis propias muestas de estampado de las futuras telas que usaría...
  • ... y siempre me pedía "pasar a limpio" los trabajos de grupo en el cole porque me fascinaba poner títulos y colores, subrayados, listas, pegar fotos... De los números y las ciencias, jamás me haría amiga (recuerdo con tedio un verano en que me tenían repitiendo las putas tablas de multiplicar. Sigo sin recordar la del 9).
  • Por supuesto la clase de plástica era mi favorita junto con la de lengua y literatura.
  • A lo largo de mi niñez tuve unos tres walkman y todos ellos fueron mis más preciados tesoros (junto con mi Cinexin). Cuando nos íbamos en el coche, a donde fuera, yo iba con un pequeño maletín de mimbre que mi madre me compró, para que pudiera llevar una selección de mis cassettes grabadas (con sus portadas artesanales y todo) junto con pilas de repuesto. Y un boli Bic para rebobinar la cinta que quería escuchar después de la que tenía puesta. Tenía que aprovechar las pilas todo lo que podía. Lo peor que me podía pasar era quedarme sin pilas y tener que escuchar el puto fútbol de mi padre en la radio o cualquier mierda aburrida.
  • El día que descubrí a Jimi Hendrix fue uno de los más alucinantes de mi vida y, tirando del hilo, ese maravilloso hilo (no había intenné, ni güiquipedia, ni gugle, ni na, recordad nenis), hoy me importa un carajo gran parte de la música actual porque para mí la mejor música del siglo XX se hizo entre los 50 y los 70, salvando maravillosas excepciones entre los 80 y 90, por supuesto. Musicalmente soy bastante intolerante y me enorgullezco de ello. Doy oportunidades porque hay que ampliar horizontes, pueden gustarme cancioncillas facilonas para pasar el rato, pero si algo lo considero desechable, es muy probable que jamás lo saque de la lista de "basura inescuchable y que merece ser destruida".
  • El autoreverse en los walkman me pareció uno de esos grandes inventos de la humanidad.
  • Que en navidad no me regalaran La rueda de la moda me dio igual cuando me llegó mi primera minicadena musical (que de mini tenía lo mismo que yo de top model). Con doble pletina y tocadiscos. Brutal. Cuando llegó la siguiente, con cd y sistema Dolby... bueno, bueno, bueno.
Si esto no era verme de vení, de dar pistas y detalles, de dejar muy clarito que no ganaría un Nobel en ciencias... Dicen que lo último que se pierde es la esperanza, pero lo de mis padres esperando a que me interesaran "cosas de provecho" era algo más que absurdo.

Mi primer cd, osea, el primero que me compré en toda mi vida, fue el Wide awake in America de U2, estaba en el insti y, a día de hoy, esa versión de A sort of homecoming me maravilla y es una de mis canciones favoritas.



Mi amor y adoración por U2 sólo fue en ascenso y cuando llegó la gira del Zoo TV Tour, yo todavía era menor de edad. Que conste que lo intenté, pero en mi casa lo de "malgastar" dinero en conciertos... ¡que ni siquiera eran en la isla!... y esa gente... que si entendía lo que decían*... estaba loca. Niñatadas. Que no y punto.



Corría el año 1993.

Apareció en escena el PopMart Tour en 1997, de cuando les dio por la increíble locura electrónica. El 13 de septiembre de ese mismo año tocaban en Barcelona. Ese mismo día tenía un examen de recuperación de mi estupidez por hacer "algo de provecho" y sacarme la carrera de psicología. Tenía las entradas desde principios de año. Me pasé por el forro ese examen y los siguientes intentos durante los siguiente años. El resto ya es historia con respecto a mis estudios.

El concierto fue monstruoso.

Fue único.

Fue increíble-ble.

Y verlos a los cuatro, incluso con esas pintas futuristas, me dejó totalmente L-O-C-A.

Después de que el concierto estuviera amenazado por la lluvia, cuando empezó la música que daba entrada al show, el Pop Muzik, y la reconocí y me di cuenta de que todo iba a empezar, os juro que no entiendo como no me desmayé en el acto.



Ni qué decir tiene que encima, ver a Bono desde la primera puta fila de la zona reservada, lo fue TODO para mí. Ese hombre podrá ser un histriónico y habrá gente que no lo soporte, pero a mí me encanta y cuando me case con Bruno Mars, tendrá que aceptar que con Bono no serán cuernos.

Ese fue mi primer concierto de U2, en una de sus giras más masivas y excesivas que hayan podido hacer y fue sencilla y monstruosamente genial. Encima, descubrí a los Placebo, que eran sus teloneros: otro grupo al que investigar y salvar del ostracismo al que relego a mierders.

Evidentemente, algunas canciones me gustarán más que otras, pero sí que tengo que decir que todas me gustan. Algunas me hacen sentir. Sentir de verdad. No sabría explicar el qué. Unas, tristeza, pero una que me resulta bonita, otras, la misma sensación que tengo cuando voy en avión y despega. Otras hacen que me fije sobre todo en alguno de los instrumentos. Básicamente, para mí la batería es siempre mi punto de refencia, pero es muy probable que el solo de The Edge en Love is blindness sea uno de mis favoritos de toda su historia musical.



Luego hay otras en las que es como si Bono me susurrara y en las que parece que mi nuca se encogiera, como en su versión de Slow dancing, por la que yo MA-TO...


... o Stay (faraway, so close)...


... o Running to stand still donde encima empieza a tocar con la armónica los primeros acordes de Where the streets have no name...


...o...

Podría poner todas sus canciones y todas significarían algo diferente para mí.

La música de U2 es la que, como he dicho antes, se metió en mi adn o, tal vez, de alguna manera ya estaba ahí. Por alguna razón yo ya estaba programada para esa guitarra (reconocible hasta decir basta la mágica manera de tocar de The Edge, crack), esa batería (que Larry aporrea con una elegancia absoluta y casi sin inmutarse), ese bajo (donde Adam marca la diferencia con sus profundas bases) y esa voz... Esa voz de Bono que por un momento es grave, casi abismal, cálida, dramática, sensual y envolvente a partes iguales y después te sorprende con un falsete agudo que te descoloca.

Mi vecindario es un maravilloso lugar lleno de chulazos, pero para seros sincera, Bono marcó hasta el prototipo de señor que me enloquece: pelo oscuro, ojos azules, voz grave, carismático, activo, con personalidad, de mirada irresistible y que te dan ganas de convertirte micrófono para que te agarre con ambas manos y te pegue a sus labios.

Me resulta irresistible y no me importa los años que pasen por él (ahora mismo tiene 55). De siempre me han gustado los hombres de cierta edad y hay algunos a los que la edad les sienta de maravilla. Me muero de la más increíble de las envidias de las chicas (a las que yo llamo zorras suertudas) que ha subido a su escenario a compartir unos minutos con ellos. Os parecerá una solemne estupidez, pero si yo tuviera esa oportunidad, para mí sería algo indescriptible**. Si ya pudiera compartir unos minutos de conversación, no sé cuánto tiempo tardaría de bajarme de la nube. Va a hacer una semana del concierto que vi en Berlín y aún no me lo creo.

Por su glaucoma, ahora siempre lleva gafas, pero esos ojos azules... (escalofríos).



De esa manera me ha llegado Paul David Hewson y me temo que ya no hay nada que se pueda hacer para cambiarlo.





Desde ese primer concierto, han seguido otros cuatro. Un total de cinco conciertos y para ser una persona a la que siempre educaron para no malgastar en tontadas como conciertos y todo lo que pueda suponer, porque por desgracia vivo en un lugar donde no llegan los artistas y bandas que me gustan...  No está nada mal, ¿no?.


En los próximos post, crónica del concierto en Berlín y mis días por la capital alemana. Genial.



* Pues en ese momento me costaba un poco pillarles, pero a día de hoy, mucho del inglés que sé fue a base de traducir sus letras con un diccionario, ¡tomaaaaa!.

** Y probablemente terminaría con una orden de alejamiento porque no podría despegarme de Bono.