lunes, 9 de marzo de 2015

Cuando el agobio llega así de esa manera

Nenis, empiezo a notar que necesito unas vacaciones. Unas de esas del tipo: ya puede explotar la oficina porque no voy ni a levantar una ceja.

Todo febrero, al menos para mí, ha sido un no parar. De tener la cabeza ya muy loca y el culo demasiado plano con tantas horas sentadas. ¡Si a veces hasta ceno de pie en la cocina por no abandonarme al sofá!

Yo, que odio correr, y lo sigo odiando, como ya no hay manera de ir a clases de salsa, me apunté al gimansio y me he hecho amiga de la cinta de correr. Pero no corro. Yo ando rápido. Power walking que dicen las modernas.

Pues eso hago.

Porque encima sigue siendo invierno y no hay cojones a sacarme de casa ni para power walking ni nada de nada. Olvidadme. Cero. Nada. Rien de rien. No.

Lo que pasa es que, como os he dicho, el mes ha sido duro y ha habido semanas en las que ir sólo una vez a seguir forjando una maravillosa relación con la cinta de correr, no era suficiente. Si encima resulta que te llega algún trabajo rollito freelance al que sólo puedes dedicarte el fin de semana... Sigo diciendo que muchos deberían agradecerme que no tenga permiso de armas.

Aunque, como se suele decir, después de la tempestad viene la calma. Y en mi caso, ha sido un fin de semana de lo más chachi.

El viernes batí mi propio récord: casi 8 km del power walking ese. Imaginaos cuántas balas podría haber diparado si no me hubiera desfogado. Mi truco para aguantar esa tortura es hacerme listas de música bailonga e imaginarme bailándolas con mis propias coreografías. Os digo una cosa: en mi cabeza tengo un talento y una habilidad del copón.

Teóricamente me iba después al afterwork con mis compañeros, pero para cuando salí de la ducha y me quise adecentar eran ya las mil y sentí una perturbación en la Fuerza.


Vamos que me dio el bajón, la pereza y el de toh, me puse el pijama y capítulos de Hawaii Five-0.
A los dos capítulos me fui a la cama porque no podía con mi vida. Ni siquiera el maravilloso Alex O'Loughlin en bañador consiguió mantener mi atención.

Me hago mayor de una manera que ya me empieza a asustar, nenis.

Al más puro estilo Sandy, en la cabecera de Grease, me desperté al día siguiente: hacía sol, toda la habitación llena de luz, había dormido genial, rodeada de todo mi ejército de cojines... Y seguidamente recibí un aviso de Doña Caye para ver si comíamos juntas.

Y el día transcurrió tal que así:



Una foto publicada por Mara Jade (@supersonicgirl) el




Una Hawaii burger, por supuesto, sigo con mi proceso de adaptación para cuando me mude con BruBru ;)
Una foto publicada por Mara Jade (@supersonicgirl) el


Una foto publicada por Mara Jade (@supersonicgirl) el


Un vídeo publicado por Mara Jade (@supersonicgirl) el




Nos pasamos el día como lagartijas absorbiendo sol, Doña Caye contándome de pe a pa su viaje a Australia, yo muriendo de envidia, paseando con los perretes... cosas guachis.

Seguidamente, tuve unas pocas horas de margen para prepararme porque... ay omá... yo todavía no tenía ni idea de lo fantabulosos, estupendo, divertido, increíble y bailongo concierto que me esperaba.

¿De quién?

Pues nada más y nada menos que de mis queridísimos Hattori Hanzo Surf Experience, aquí estoy yo, como fan-fatal-sideral, yyyyyyyyyy.... los putos amos del rock surf instrumental de este país y gran parte del extranjero: ¡Los Coronas!

O-se-a.

Subidón surfero rockero a tutiplén de los que te hacen bailar de maneras que no creías que fueras posible de bailar.

Querer subirme al escenario y tirarme a surfear sobre el público.

Querer volverme a subir al escenario y ffffflip-par con los baterías, porque sigo teniendo entre ceja y ceja lo de aprender a aporrear tambores y platillos (y sí, por supuesto que vi Whiplash en cuanto que me enteré que iba de un chaval baterista, JK Simmons, súper grande, por cierto).

Y seguir bailando.

Y más, y más, y más... porque yo llegué a casa pasadas las tres y media de la mañana. Cansada estaba, pero no me di cuenta hasta que me metí en la cama.

Los Hattori se salieron, como es habitual en ellos. Son mis niños bonitos, formaron parte de una de las ilusiones de mi vida, y contaré sus alabanzas en todas partes y a todo el mundo. Chimpún.





Si, encima de que como grupo me entusiasman, resulta que luego son unos tíos remajísimos... pues qué queréis que os diga. Chicos, os lo vengo diciendo desde el segundo cero que tuve el placer de conoceros: ¡A TRIUNFAR!

A vuestros pies queridos Hattori Hanzo Surf Experience, a vuestros pies. 

Quiero que os hagáis fans YA. He dicho.



Luego apareció un grupo, al que no le voy a dar publicidad, porque la verdad, no pegaban ni con pegamento de contacto. Cada uno de sus miembros era un cliché totalmente reconocible: una gótica, un emo, un imitador de Lemmy, un fan de El Cuervo... un plantel... 

El sonido de la cantanta, malo no, peor. No porque no tuviera voz, es que no se le entendía nada. Pero, el batería me pareció chachi y hubo por ahí un solo de guitarra del pseudo-Cuervo que me dejó gratamente sorprendida. 

Y bueno, el tipo de música... pues chicos, si los otros grupos son de surf rock instrumental, ¿qué coño hace aquí algo rollito garage con ramalazos a Evanescence?.

Repetid todos conmigo: NADAAAAAAAA.

La única explicación es que fueran unos enchufados de alguien del local que intentó colárnoslos a ver si nos "entraban".

Mañana me habré olvidado completamente de ellos. 



Pero no hay mal que por cien años dure y llegaron ellos, Los Coronas, con sus sombreros de cowboy, y ese Fernando Pardo y su alisado japonés en la melena que daba gustico de verlo y escucharlo con sus historias. Amén hermano. Un David Krahe que sólo le faltó acabar la actuación destrozando algún ampli con la guitarra de lo potente que estuvo. El amigo Javier Vacas, que si algo le sobra es talento con el bajo, sí, y actitud joder, qué momentazo pasodoble y qué movimiento de caderas. Melenaza incluída, muy sioux él. Y luego el trompeta, que es el miembro más reciente, Yevhen Riechkalov, con sus gafas de espejo, que se quedó con la peña con ese arte torero. Oiga, me quito yo el sombrero con este señor. 

Me estoy dejando al batería para el final, porque por si no lo sabéis, toca de pie y con una percusión básica porque no le hace falta más para partir la pana, hoygan. Su nombre es Roberto Lozano y, a parte de que me lo pido, no podía dejar alucinar con su  habilidad. Crack.



Esta gente, lo mismo que te hacen reír con sus historias entre canciones, te versionan a Marisol, a Muse, a Los Brincos, Rolling Stones o The Beatles, te ponen a Curro Jiménez en la pantalla de fondo y te dicen que Tarantino muy bien, gracias, pero el surf rock es mediterráneo y podría tener su origen en un pasodoble. Toma, toma y toma.

Y sin despeinarse. 

Era pasada la una de la madrugada y ahí seguían dándolo todo y más.

Intentaron irse, pero le exigimos unos bises.

Y cumplieron.

¡Con creces!

A sus pies señores de Los Coronas. A sus pies. 

Y para demostrar que yo estuve allí, juguemos al ¿Andestoy?. A ver si me encontráis.

Pista: soy una fan bajita XD

 Fotaca de @javivacas, el bajista molón con pinta de sioux.

¿Me habéis encontrado?

Va, os dejo un poco más de tiempo.


¿Ya?

Felicidades si me has encontrado, si no...



Casi 8 kilómetros el día anterior, caminata parrandero-playera durante el día y luego bailonguismos varios non-stop por la noche.

Me he desquitao del maldito febrero con ganas.

Ahora que me cobren el seguro del coche, porque el mes que viene empiezo a planear vacaciones.

Oullea.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Aix, yo también me quiero quitar el puto febrero de encima (y enero, diciembre, noviembre, vamos, que fue volver del verano e ir de capa-caída) y marzo pinta peché -peché...
Yo tengo una bici estática en casa y evidentemente también me hago listas de canciones y también creo que tengo mucho talento. En casa, que me han oído cantar alguna vez, no lo creen tanto... y yo que con los auriculares a todo meter me oigo tan bien...
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