jueves, 9 de octubre de 2014

SuperSonicGirl en Tenerife, día 2

Previously in SuperSonicGirl en Tenerife...

Doña Cayetana Altovoltaje y servidora, dormimos como ceporras toda la noche. Yo procedí a darme una ducha para quitarme la roña acumulada del día anterior. Seguidamente: a ponermos finas en el desayuno.

Atended al arte de Doña Caye con la comida más importante del día.




El día se levantó un tristón. Pero eso no nos impidió planear la mañana. Para eso recurrimos a nuestro culocarpeta querido, que nos llevó por una carretera con plantaciones de plantaneras a ambos lados. Y de mientras, nació una idea brillante. Pero como os dije en el otro post, tendréis que esperar un poquito para verlo jaja.

Llegamos a Los Gigantes. Estaba medio lloviznando y yo intenté imaginarme cómo sería verlo con sol. Un alucine.



Tenían estos barriles pintados, muy graciosos. Luego me fui dando cuenta que en otros sitios también los tenían pintados de diferentes maneras. Mola.



Después bajamos y estuvimos comprando plátanos y especias para hacer mojo, porque somos unas adictas y ya sabéis cómo son estas cosas. Que las dejas cuando quieres, pero es que, de momento, no queremos dejarlo ;)

Y como fuimos con mucha calma, también nos dio tiempo a que yo me comprara unos... ejem... leggins... sí... lo tuve que hacer. Con lo anti-leggins que soy. Matizo: lo soy porque al contrario de lo que muchas creen, los leggins, como el chándal, no son adecuados para todas ocasiones ni combinables con cualquier cosas te tires encima.

Os preguntaréis: ¿y por qué tuviste que comprarte unos malditos leggins?.

Pues porque en un rato nos venían a buscar para hacer una excursión en bici bajando desde el Volcán Pico Viejo y, no sé vosotros, pero si iba a hacer fresquito, la colección de pantalones cortos que me había llevado no me iban a ser de mucha ayuda.

Tela.

El día lluvioso, que a más de 2.000 metros de altura un poco de rasca hace, que yo lo paso fatal con temperaturas por debajo de los veinte grados... Entontá, que lo que para una persona de estatura normal es un leggins de corte pirata, para mí son de corte tobillero. Toma, toma, toma.

Evidentemente me tuve que comprar una camiseta de esas que te tapan lo que no quieres que los putos leggins muestren al mundo entero ¬¬

Jopetas, que yo no contaba con un día así. Me llevé unos vaqueros pero vamos, llevaba desde abril sin ponérmelos, que es cuando aquí empieza el buen tiempo y yo ya no aguanto ese tejido.

Osea, que doble preocupación: que no sólo tenía que ir con leggins, es que luego estaba la excusión en bici.

Yo. En bici. Que sé montar en bici, pero lo de pasar mucho rato en una bici... como que no. Soy más bien de deportes acuáticos, el secano no es lo mío.

Bueno, pues nos vinieron a buscar y fuimos subiendo otra vez por esas carreteras montañosas que el día anterior nos habían acojonado con esas nubes. Esta vez conducía otro.

Nos paramos en Vilaflor a esperar a la otra parte del grupo. Los monitores muy, muy majos, pero ahí que llega uno y... ¡copones!. Era la versión jovenzuela* y portuguesa de Anthony Kiedis. Cuanto más lo miraba más se parecía. Juro.

Bueno, pues que llegamos al punto de donde teníamos que salir.



Nerviosa andaba yo, claro.

A ver si no iba a aguantar, no quería morir despeñada por un barranco con la bici (¡qué poco glamour!), que si a ver si iba a llegar a los pedales (insisto: ¡qué poco glamour!)... Esas cosas.

Bueno, pues la bici, claro, la más pequeña. Los frenos bien.






¿Qué puedo decir?

Fue genial, ves los paisajes de otra manera, el olor que le daba la lluvia a los pinos es espectacular, poder pararte en algunos puntos para poder disfrutar de las vistas, meterte en una gruta por donde ha salido lava...




... y comer cosas ricas y de la tierra mientras tienes delante las montañas, los pinos, el mar y un sol que se estaba dejando ver.

Así sí.

Es cierto que la excursión fue de bajada. A mí no me ponen a pedalear montaña p'arriba pero vamos, cómo os lo explico. Los frenos los dejamos todos peladitos, eso sí. Ni molestias ni nada y los leggins de lo más prácticos: que hacía fresquito (que hubo un momento que se me durmió una mano y unido al rato de más frío, ufffff), p'abajo, que salía el sol, pos p'arriba.

Un poco de sobrecarga en las muñecas, eso tengo que reconocerlo.

La última parada fue en un pueblito precioso, cuyo nombre ahora no tengo narices a recordarlo, pero era una monada, con las casitas pintadas de colores. Muy cuqui.

De mientras, durante todo el recorrido, al primo lejano y perdido de Anthony Kiedis, Doña Caye y yo le caímos en gracia y nos pasamos casi toda la bajada y todas las paradas hablando. Muy guay, la verdad. Además, nos fue explicando cosas como la madeja de tubos que conduce el agua para cada plantación, huerto o zona de cultivo. El horror. No me quiero ni imaginar la pesadilla que debe ser que alguna tubería se estropee. Busca tú la fuga.

También nos contó cómo se cultiva el plátano. ¡Menudo trabajazo y qué poco valorado! Como casi todo lo bueno que tenemos en este país. Y yo desde aquí reivindico el plátano canario nenis, que está mucho más rico que cualquier banana.

Aunque sea el fruto del amor XD




Y bajando, bajando en bici y, hablando y hablando con el primo lejano y perdido de Anthony Kiedis, llegamos a nuestro destino. Una miniplaya de arena negrísima. Tampoco recuerdo el nombre del pueblo, pero esa playita era preciosa.


Aparcamos las bicis y brindamos con cava por un día estupendo.

Nos despedimos y nos llevaron de vuelta a nuestro hotel. 

Antes de cenar, como aún teníamos el subidón de la excusión biciclista, nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores. 

Disfruté de uno de las atardeceres más bonitos en Playa Fañabé.



Cenamos, hablamos del día, de las cosas que habíamos visto, repetí por enésima vez lo mucho que me gustan las Canarias, un paisaje volcánico, el calor, el acento canario... En definitiva, que me sentía como en casa.

Si hasta ahora pensabais que había disfrutado, no deberíais perderos el siguiente capítulo de SuperSonicGirl en Tenerife porque viví uno de los mejores momentos y sensaciones de toda mi vida.

En serio, toda ella.



Por cierto: casi 40 kilómetros en bici y no empecé a ser consciente de las horas sobre un sillín hasta unas cinco horas después de bajar de la bici.

Chimpún.








* Supongo que, a parte de lo de los leggins, también os estaréis preguntando que, con lo que me gusta a mí el cantante de los RHCP, cómo es que no hay foto ni nah... Me lo pasé tan bien y flipaba tanto con el parecido, que se me pasó.

No importa, un día tendré una foto con el Kiedis original. Tiempo al tiempo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Uf, los leggins. Yo caí como una tonta en su momento e incluso me compré varios pensando "esto un día dejará de estar de moda y me volveré loca para encontrarlos" y fui acumulando leggins como una loca. Ahora me dan ganas de quemarlos. Los de algodón son cómodos para dormir. Los de licra no.
Las mallas de los 90...
Esperando más de las Canarias
El último anónimo de ayer.

Eugeac dijo...

Justo te iba a reclamar FOTO! como se te puede pasar algo así???
Me causa gracia lo de los leggins tobilleros, aquí se le dicen calzas

Doña Moderna. dijo...

Pues estabas cerquita de mi, solo que en otra isla!