lunes, 24 de marzo de 2014

Soy una bloguera vaga 2: Los Miserables

En la primera parte de Soy una bloguera vaga...

Pues ahora viene la segunda parte.

Hace tres (soy lo puto peor) viernes fui a ver Los Miserables con Doña Caye. Ella tenía las entradas y como sabe que a mí me pirra un musical, me dijo que si la acompañaba. Como con vocecilla de pedirte un favor, pero yo ella sabía perfectamente que a esto yo no podía decirle que no.



Es que si lo hubiera hecho, ella habría sabido que a mí me pasaba algo. Fijo.

Yo me maqueé, porque cuando vas a ver algo así, a un lugar como el Auditorium de Palma, no digo que no, se puede ir en vaqueros: pero no con esos recortaos enseñando media cacha y medias. Lo siento, pero así no. Y lo repetiré hasta que me quede sin aliento: muerte a la moda de los ochenta forever.

Tengo que decir también que creo que tengo un problema con el negro porque con lo que a me gusta el color, me estoy dando cuenta de que acabo vistiéndome siempre de negro y estoy un poco preocupada. No sé si recurrir a una estilista, sinceramente.

A ver, que no me quiero desviar del tema: Los Miserables.


La primera vez que vi este musical fue en Londres y la producción fue espectacular, alucinante y se me desencajaron las mandíbulas.

Me daba un poco de respeto volver a ver la obra, porque cuando te encuentras con algo tan grande, hay muchas posibilidades de que lo que veas después te decepcione.

En este caso tengo que decir que... decepciones cero.

La única decepción que tuve fue un niño que actuaba: prácticamente no se le oía y... perdón, porque yo no soy una experta, pero no le llegaba a la suela de los zapatos de la niña que hacía de Cosette, por ejemplo. Yo lo veo como actor de doblaje para personajes Disney, pero no para cantar.


Vuelvo a pedir disculpas, porque a lo mejor es que esa noche no se encontraba bien.

Hablando de los niños, me alucinan lo mucho que se metieron en el papel, lo profesionales que son. Les envidio.

Tuve unos momentazos muy, muy emocionantes en los que me salieron unas lágrimas como pelotas de golf. 

(Los enlaces a las canciones que voy a poner no son de la obra que vi, pero es que las he encontrado, aún así, disfrutad.)

Uno fue cuando Fantine canta I dreamed a dream. La actriz que la encarnaba, Elena Medina, tiene una voz maravillosa y se la ve tan frágil que no se puede evitar que se te pongan los pelos como escarpias.

Mi otro momentazo sensiblón fue cuando Eponine, interpretada por Lydia Fairén, canta On my own. Impresionante.

Es recordarlo y me vuelvo a emocionar. 




Y os digo otra cosa, Nicolás Martinelli, que hacía de Jean Valjean... cuidadín con semejante ejemplar masculino. Por supuesto: tremendo vozarrón.

Mención especial a los taberneros (Eva Diago e Igansi Vidal), porque a parte de bordarlo,  fueron muy divertidos y arrancaron más de alguna risa.

Si tenéis oportunidad de poder ir a ver este clásico, no la dejéis pasar porque merece la pena. Si eres amante de los musicales, Los Miserables es un ode los que no puedes perderte y, aunque no se convierta en tu favorito, tienes que verlo, bien, bien, en condiciones, una vez en la vida.



La cultura y el arte merecen la pena nenis, por muchos que cortitos de mente se empeñen en lo contrario. Apoyemos la cultura y las artes. Imaginad vuestra vida sin música, sin películas, sin teatro, sin libros, sin fotografías, sin cuadros, sin moda, sin esculturas... si nada que te distraiga de tu día día, que te haga soñar, inspirarte... 

La cultura es parte de nuestra vida aunque no nos demos cuenta. De hecho, creo que la cultura hace que tengamos vida. Pensadlo: incluso lo que vivían en cavernas, también tenían una cultura y su propio arte.

Cuando algo te emociona, se merece una gran ovación.

video



Y hasta aquí la segunda parte de Soy una bloguera vaga.