lunes, 15 de julio de 2013

Mordor, ese lugar 5: la destrucción

Recapitulemos: 1, 2, 3 y 4.

Previously... el resfriado se había manifestado en mí con todas las de la ley, me mantenía a base de té caliente, muchos pañuelos de papel y unas gotas guarrindongo-descongestionantes para la nariz y me había ido antes del trabajo sorda perdida y con ganas de volver a casa.

Al día siguiente no os penséis que la cosa mejoró. 

Me levanté con la intención de ir a desayunar con mi compañero al comedor del hotel, como todas las mañanas, y después, irnos a la oficina.

Reto conseguido hasta lo de desayunar. Que hice porque es la comida más importante del día y a mí, es sacarme de viaje, y me vuelvo adicta a los desayunos.

La segunda parte, lo de ir a la oficina... casi que no. Pero sin el "casi que".

Con la cara más de pena que conseguí poner, pedí si era posible hacer el check out más tarde. Y, otra cosa no, pero en ese hotel (Gatwick Premier Inn) son amables hasta decir basta. No me pusieron ningún problema y de hecho, me dijeron que si necesitaba alguna cosa que avisara a recepción. Podría decir que soy muy buena actriz, pero de verdad que estaba muy bajo mínimos.

O eso pensaba yo, ya veréis, ya.

Pues eso, lo primero que hice después de cerrar la puerta de la habitación con un "do not disturb", fue poner la calefacción a 25º C porque estaba congelada. Yo, no la habitación. Miré por la ventana, ese cielo tan gris... y el patio del hotel, tan majo y tan desaprovechado...


Encendí el ordenador e intenté hacer lo que pude.

Nosotros hicimos horario español, con lo cual, como era viernes, salimos antes. Pero porque mi vuelo salía por la tarde, que si no, nos toca quedarnos a pringar hasta las cinco y media (aquí hacemos jonada reducida los viernes, cosa que me parece esssstupendo).

Y nos fuimos al aeropuerto. Mi compañero cogió un tren a Londres, que fue listo y lo organizó para quedarse el finde con la churri. Yo también lo había pensado pero... mirad... entre que por esos entonces yo dependía de mi sueldo de "joven emprendedora"... que el alojamiento allí es carísimo... y que en mi estado hubiera disfrutado -28 de la ciudad... me fui a facturar la maleta y a suplicar que no hubiera retrasos.



Tan trapo estaba yo, que hasta que compré una bebida energética de esas. Pero no de esas canis, como las que tenemos aquí, no, no, yo me pillé una que se supone que sabía a arándanos. Y digo se supone porque como tampoco tenía sentido del gusto... no os lo puedo asegurar. Lo más cachondo fue cuando la botella se me cayó, la recogí y me fui a buscar un sitio estratégico para ver qué puerta de embarque me tocaba, abrí la botella... ¡y la bebida salió disparada como si estuviera celebrando haber ganado un premio de F1!

¬¬

 El nombre venía al pelo, nenis.

Papelón: sorda, sin gusto, con los mocos de la muerte, arrastrando el maletín del portátil, lo que viene siendo un espectáculo.

Y cuando digo mocos de la muerte, me refiero a esos que no se acaban nunca y suenan más potentes que el motor de una Harley Davidson. Un espectáculo, que ya os lo he dicho.

¿Que si conté los minutos?. No. ¡Los segundos!. Yo sólo quería largarrrrrme de allí.

Sabía que al llegar a casa, ese mismo día, había una fiesta en blanco a la que dije que iba a ir, pero en ese estado lamentable seguramente iba a faltar.

Me llama doña Caye, que viene a buscarme y nos vamos a cenar, así le cuento.

Vale, vale.

Os ahorro el momento espera porque fue eso, esperar. Eso sí, me tuve que ver toooooda la cola porque yo me sentaba al principio y entraban todos los demás antes. Unas pintas... tres despedidas de soltero... ¡TRES!... un submarinista, un bebé y un súperheroe. Disfraces súper currados, por cierto. Cada uno con su séquito-jauria, a cada cual más ruidoso. Todos de cabeza a Magalluf. Tela.

A todo esto, un avión de esos de filas de asientos de 3-4-3. Sin embargo, con el que me fui, era más bien normalero.

Cuando conseguí estar dentro del avión, me tocó en pasillo... uffff... un sitio, que incluso para una retaca como yo, era estrecho... me tocó al lado de una madre y una hija que iban vestidas iguales, que hablaban sobre el parto de la Kardashian y se apartaban el pelo de la cara de la misma manera. 

Adoro a SSMom, pero no creo que pudiera vestirme como ella, irme de vacaciones con ella y mucho menos hablar de partos. Esto último básicamente con NADIE.

¿Os he dicho que estaba sorda?. Pues durante el despegue fue sordera quasi profunda. ¿Sabéis cuando en las pelis, alguien se mete en el agua y oye los sonidos del exterior?. Lo mismo.

Un avión prácticamente lleno de hooligans y spice girls clones de Geordie Shore y de The Valleys y la sordera amortiguó todo ese jaleo. Me hice la antisocial total enfrascándome en mi Kindle y pasé de la madre y de la hija porque me daba miedo que se me pegara algo.

El aterrizaje fue peor: sordera a nivel profundidades del océano.

No podía más. Salí disparada a coger la maleta. Casi 45 minutos después, los señores de las maletas deciden, que venga, vale, podemos dejar de esperar. Yo más cabreada que una mona, con la nariz tapada, vestida de invierno, queriendo rajar los vaqueros a lo Hulk y dirigirle una mirada asesina con los ojos inyectados en sangre al primero que osara cruzarse en mi camino.

Cuando vi a doña Caye esperándome... no besé el suelo como dos papas anteriores porque mi agilidad también había menguado. Pero supe que a partir de ahí todo mejoraría.

Primera parada: una farmacia. Sabía perfectamente lo que quería, mis drogas habituales para el resfriado. De esas marcas y en esos formatos. Que no (joder), quiero esto y esto (sabré yo cómo carajo son mis resfriados, hossstia, mocos, mocos, mocos, déjate de malestar general, ¡sal de mi cuerpo mucosidad!).

Ya en el coche de nuevo, me enchufé un espray descongestionante como está mandao y con lo que me quedó de la bebida energética, una pasti y hala, a vivir, que son dos días.

Doña Caye me hizo una cena de picoteo...

 
... y me dijo que tenía una sorpresa:




Como véis, cada vez que aparece mi mano en alguna foto, sale un clínex.
Os aseguro que era uno diferente cada vez.


¡Apperol Spritz! ¡Ooooooh, nos encanta el Apperol Spritz!. Creo que nos tomamos como dos copazos (de los nuestros, no los que te sirven en los bares) por cabeza.

Y de repente, un buen rollo...

Le conté todo lo que fui capaz de recordar en esos momentos, nos reímos como siempre y le conté que estando allí había recibido encargos, que iba a ser intenso pero iba a conseguirlo.

Me llevó a casa y con mi rumbeo me fui a la fiesta en blanco. Y de blanco. ¡Qué gusto ponerme sandalias por dioxxxxx!

Mi intención era hacer acto de presencia, "celebrar" un poco mi cumple, bailar un pelín y volverme a casa. Y eso hice. Después de dos gintonics, bailar mucho y que me tiraran a la piscina. Me vino bien, porque creo que en ese momento estaba teniendo un subidón de fiebre.

Volví a casa. A las cinco y media de la mañana. Con un vestido prestado. Me di una ducha calentita, me puse el pijama de verano, pero cerré la ventana, me tomé otra de mis pastis del resfriado y me enterré en el edredón.

No volví a abrir los ojos a las dos de la tarde del día siguiente. Me tomé un vaso de zumo y volví a dormir hasta las seis. Quedé con unos clientes. Llegué a casa y pasé el resto de mi consciencia en el sofá. A las diez y media ya estaba durmiendo y lo único que recuerdo es que dormí unas catorce horas seguidas. El resto del domingo está como en nebulosa.


Conclusiones: 
  1. Yo no sirvo para vivir en lugares que no tienen verano. Hago un llamamiento a las Bahamas, Maldivas, Bora-Bora, Polinesia Francesa, Hawaii (ejem, BruBru, ejem)... ¿necesitan ustedes de una diseñadora gráfica sociable, maja y futura rockstar?. Contacto: en este blog. Gracias.
  2. No suelo enfermar, pero como sea un resfriado, déjame en paz si aprecias en algo tu vida.
  3. Si sonarme la nariz fuera sinónimo de adelgazar, ahora mismo yo tendría pinta de anoréxica rollo extremo.
  4. Creo que no recuerdo haber dormido tantas horas del tirón durante varios días.
  5. La combinación Cortafriol + bebida energética + Apperol Spritz + ginki mola mucho. Más que el té caliente ;)
  6. Los oídos se me empezaron a destapar el domingo.

Y eso todo nenis. Mordor ha dado mucho de sí porque como soy tan torrrrrrpe, estas cosas sólo me pueden pasar a mí.

Aunque pensándolo bien, no sé de qué me quejo, Bridget Jones a mi lado es una principianta con bragas de abuela.


Con un Mr Darcy, claro.


Ejem, BruBru*, ejem...



* Bruno Mars, you and me...