jueves, 20 de junio de 2013

Mordor, ese lugar 1

Bueno, pues a menos de 24 horas para regresar al verano, repito, al VERANO, procedo a haceros un pequeño resumen de lo que ha sido mi estancia por estas tierras.

Día 1:

¿Sabéis lo que es sudar la gota gorda?

No tenéis ni zorra.

Poneos unos vaqueros, calcetines y zapatos de invierno a casi 29º C a las 9 de la mañana en la húmeda Mallorca y después me lo contáis. Y todo porque, claro, aquí, en Gatwick, la app del tiempo decía que, cuidadín, incluso iba a llover.


Y sí, que ha llovido: pero de noche ¬¬

Frío, frío, no ha hecho. No me ha hecho falta la gabardina que rescaté de la ropa de invierno. Ahora, el sol más bien se intuía.

El sábado me lo pasé prácticamente entero de pie y de acá para allá por la boda que organicé (sí, os la tengo que contar). El domingo no pude descansar propiamente dicho y me fui a dormir a las mil haciendo la maleta y organizando cosas.

Del aeropuerto nos fuimos a la oficina y empezaron las presentaciones. Un calcetín sucio y yo teníamos el mismo nivel del concentración ¬¬ Con lo cual, o me centraba en lo que la gente decía o pensaba en lo que tenía que decir. Así que me dediqué a asentir y decir cuatro cosas fáciles para que dejaran de mirarme con cara de "¿mentiendes?".

Comer no comí mucho, porque si tengo sueño y hambre, prefiero lo primero. Pero me tuve que aguantar, así que me agencié un bagel de salmón y un yogur y hala, a seguir suplicando con la mente que llegara la hora de irme al hotel.


 Yo sólo pensaba en la ducha y en irme a la cama, que doña Caye me había dicho que en el hotel ese eran la mar de cómodas. Cuando POR FIN vamos a hacer el check in, tienen una confusión y se piensan que compartíamos habitación mi compañero y yo. Vamos, que es majísimo, pero no tenemos todavía tanta confianza.

Problema resuelto. Una recepcionista di-vi-na nos ayudó en todo y cuando por fin llego a mi habitación supe lo que debe significar estar en el cielo:



¡Quiero vivir en esta cama! ¡Y las cuatro almohadas que había! 

En serio.

La parte buena: en el hotel tienen una máquina expendedora de Ben & Jerry's y me dio exactamente igual gastarme tres librazas en un helado de esos de mni-vasito.


Lo malo es que hasta pasadas la medianoche no pegué ojo porque tenía que acabar unas cosas. Por supuesto, trabajé con el portátil en la cama. Justo en el medio de la cama, como la rrrrreina que soy.

En realidad, lo que no os he dicho es que, no sé porquué razón, hay dos camas pequeñas al lado de la mía. Así que en realidad he dormido rodeada de un total de SEIS almohadas. Y me encanta.


Hasta aquí el día 1.


El resto cuando llegué al VERANO DE VERDAD, que estaré en mi ambiente y temperatura. 






Antes de irme: Bye, James Gandolfini.