sábado, 16 de marzo de 2013

Pues sí.

Hoy, por fin ya lo sé.

El lunes leeréis un post que hace referencia a algo de lo que ya no tengo duda: DE REPENTE MOLESTA LO QUE ESCRIBO.

Pues vaya, resulta que sí, otra vez ha vuelto a pasar.

Así que por lo visto he sido vetada, por SEGUNDA VEZ, en parte de mi artículo en la revista con la que colaboro mensualmente, por lo que NO he podido leer.
 

TOCARLE LA CHORRA A UN TORERO
TOCARLE LA CHORRA A UN TORERO
TOCARLE LA CHORRA A UN TORERO
TOCARLE LA CHORRA A UN TORERO
TOCARLE LA CHORRA A UN TORERO
TOCARLE LA CHORRA A UN TORERO
TOCARLE LA CHORRA A UN TORERO

Puedo decir puta, cabrón, gilipollas, zorra... pero no puedo decir TOCARLE LA CHORRA A UN TORERO.

Me parece MUY MAL no decirme QUE SE VA A MODIFICAR MI TEXTO SIN DECIRME NADA y encima, que quienes de verdad se ocupan de la publicación, se encuentren en un aprieto.

Es, repito, la segunda vez que vetan parte de mi artículo mensual.


Así que no me va a quedar más remedio que reproducir el artículo en su totalidad aquí, MI blog, donde puedo escribir lo que me salga de los ovarios. Sin acritudes y mosqueos a parte, quisiera que lo que escribo se respete tal cual o se me diga ANTES qué es lo que no debería estar.



BLOQ MAYÚS

Dicen que el deporte rey de Españistán es el fútbol (¡hala Madrid!). Pero yo creo que es más bien un príncipe comparados con:

1.     La picaresca, esa de la que tanto nos gusta presumir y de la que ahora mismo estamos viendo muchas de sus consecuencias. ¡Hola sector político, bancario y empresarial! No quiero olvidarme de la nobleza tampoco ;)

2.     Criticar.

La educación física en el colegio, y parte del instituto, fue, junto con matemáticas y filosofía, mi asignatura más odiada. No lo digo por decir, sentía verdadero odio por esas asignaturas y por la mayoría de los docentes de las mismas. Es que justamente resultaban ser imbéciles. Aunque recuerdo a cierta profesora de historia que tampoco se quedaba corta.

En fin, no soy política. Aunque confieso que en los años en los que suspiraba por convertirme en periodista mi objetivo era ese: escribir sobre política. Los follones que tienen esos individuos son mucho mejores que cualquiera de los que el ¡Hola! haya podido publicar. Los Thyssen al lado de esa marea de sobres… ¡minucias!

Cada día devoro periódicos y cuento los minutos que faltan para que empiecen debates, telediarios, El Intermedio y Salvados. Claro que también necesito momentos de descanso o me explotaría la cabeza de indignación con tanto caradura suelto. Que todo tiene un límite.

Evidentemente, dada mi animadversión a las matemáticas, lo de la banca tampoco es lo mío. Claro que, por lo visto, tampoco hace falta saber mucho, si tenemos en cuenta a nuestro ministro de hacienda.

Empresaria… Hhhhhmmmm… no. Al menos mientras tengamos a esa torpe feligresa de la virgen del rocío que obliga a pequeños empresarios y nuevos emprendedores (mayores de cierta edad) a pagar una brutalidad de cuota al mes, el iva por adelantado y unos 80€ más al mes, si es que quieres cobrar el paro alguna vez. O no, porque por lo visto es otro chanchullo para quedarse con tu dinero y marear la perdiz.

¡Ah la nobleza! Por lo único que yo quiero ser de la nobleza es para posar como cierta señora que se hace llamar princesa en tres portadas diferentes la misma semana. ¡Qué porte! ¡Qué estilo! ¡Qué morro!

Lo de la picaresca nunca se me ha dado bien. Tengo un sentido de la responsabilidad y culpabilidad muy desarrollado y no es compatible con ser político, banquero o empresario (de los grandes). Así que dado que tampoco soy buena en los deportes (repito: ¡hala Madrid!) yo soy de las que critican.

Como sabéis, la crítica no implica nada malo. Existen las críticas constructivas. No es un mito. Existen. Pero estamos más acostumbrados al rajamiento puro y duro. Seamos sinceros: también son más divertidos.

Así que como este número de Endos.Zero es para ser rebelde y decir las cosas como las pensamos y, no es por nada, a mí se me da bastante bien, ejem. Allá voy. Pero de buen rollo, ¿eh? No quiero TOCARLE a nadie la moral.

Esta es la lista: Así ve las cosas Mara Jade y así te las va a contar.



1.   Cuando los mediocres están por encima



¿Por qué será que lo normal es que los rancios y mediocres siempre tengan que dirigir a quienes quieren tirar del carro, innovar y proponer nuevas vías para seguir adelante? Vale, no voy a generalizar, pero la mayoría de las veces es así.



Los reconoceréis fácilmente porque son esas personas que creen que lo importante es ganar más dinero sea como sea, aunque ya lo tengan y no les falte de nada. Les encantan las apariencias. Sobre todo aparentar que saben hacer su trabajo.



Se supone que tienen responsabilidades, pero luego, con el tiempo justo, se lo encasquetan a otra persona. Eso sí, el reconocimiento se lo llevan ellos y sin perder nada de su sueldo.



También les encanta denigrar la cultura, decir que eso es para bohemios que no entienden de cosas importantes, pero mientras tanto se llenan los bolsillos con ella. Cobran a lo bestia ofreciendo siempre lo mismo, pero antes te lo pintan de tu color favorito. Que sepas que  también suelen ser personas que no te facilitan el acceso porque odian la palabra “ayuda” y “beca”.



Los reconocerás también porque te miran por encima del hombro permanentemente, no saludan a tus acompañantes, tienen tendencia bipolar, un día te hablan y al día siguiente te ignoran…



Gente así te anima a montarte tu propio negocio.





2.   Bárcenas es el puto amo

Y desde aquí, reconozco que toda la repugnancia que me provoca no evita que admire la jeta que ha tenido y que tiene. No sólo nos ha robado a todos nosotros, ha robado a sus compis, ahora se divierte jugando contra ellos y, encima, los demanda.

¿Se puede ser más grande?

Un tío, un solo tío tienen en jaque a todo un vergonzoso gobierno. Toda LA población se ha echado a la calle y por el único por el que se acojonan, en vivo y en directo, nada de diferido, es por un único individuo.

Se puede ser así de grande.

Y de hijo de puta, porque ya veréis como no se escapa de la pena que le caiga. Que estha vez no sherá uno de eshosh afortunadosh indultadosh.



3.   Me molestan profundamente…



… esos sujetos cuyo único centro de su universo es su ombligo. Todo gira a su alrededor. El sol es uno más de sus fans.



Esas personas que se acercan a ti porque saben que tú no le das tanta importancia a tu propio ombligo. Y, de repente, cuando ya se sienten mejor, a otra cosa mariposa y si te he visto no me acuerdo.



Si tú te sientes un poco alicaída, te dan una palmadita en el hombro y se despiden de ti con un “besitos”.



Odio los “besitos”.



Tampoco se cortan en ponerte mala cara si no sigues sus planes. ¡Qué desfachatez! ¿Cómo te atreves a no cambiar tus planes por los suyos?



Todos pensaréis que estas personas son muy egocéntricas. No, dejadme que os corrija: estas personas son zorras. Independientemente de su género, son zorras. Con todas sus letras. Malas zorras que espero que se lleven sus buenas patadas en la boca. Como mínimo.





4.   ¿Qué coño es okis?



El ok de toda la vida es corto, conciso, claro y no hay más. ¿A qué viene poner okis? ¿Eh? Que alguien me lo explique porque me arden las córneas cada vez que leo esa mmmmmmmierda en algún whatsapp.



O que venga el CHORRA de turno y te diga que ahora lo que se lleva es poner okis y no ok.  Parafraseando al gran Chiquito de la Calzada: ¿cómorrrrrl?



Pero tal vez debería haber dicho “Ola k ase”, que tal vez así me entienden mejor.



Lo que se lleva y se llevará toda la vida es la buena ortografía y gramática, que una cosa es hacer la coña y otra es comunicarte habitualmente de esa manera.





5.   La locura maleni

Este fenómeno aglutina lazos, los colores pastel, cupcakes, hacer ganchillo/tejer, ser fan de los looks de las sosainas de Amelie y Zoey Deschanel, adoran a la delgadísima Audrey Hepburn, mueren por las manoletinas y escuchan a pánfilas como Russian Red o rollitos indies/cantautor lánguido que toca la guitarra, lleva pantalones pitillo y botines al más puro estilo ochentero.

Hacen manualidades, aunque sean auténticas mierdas, pero no las llaman como tal: ellas hacen cositas handmade. Algunas incluso las venden y tienen fanes que les doran la píldora a ver si hacen algún sorteo o regalan algo gratis. Adictas A Pinterest, rastreadoras natas de tutoriales y todo lo que lleve escrito “diy”, tienen una máquina de coser, hacen monederos con telas estampadas en macarons, torres Eiffel o cualquier chorrada parisina (no francesa, parisina) y se permiten dar consejos a señoras que tienen una mercería antes de que ellas supieran lo que es un amigurumi de esos.

Tienen un blog, por supuesto, y te enseñan todo lo que se compran y todo lo que se ponen con poses divinas que han visto en la Vogue. Además, también te informan de todos los sorteos que existen y te piden que porfa, porfa, porfa les votes para poder ganar. Todo eso combinado con todas sus creaciones y lo que se acaban de comprar en Mr Wonderful.

Una maleni es la que dentro de un par de años renegará de todo esto y no les molará que sepas que han ganchilleado en grupo en aquella cafetería súper cuqui que tenía red velvet cupcakes y galletitas adornadas con glasa real con rosas en 3d.

Sí, yo hago muchas de esas cosas. Pero el detalle es que yo también las hacía antes de toda esta fiebre. Adoro las curvas de Marilyn Monroe y mato por los modelitos de Alaska, como magdalenas independientemente de su tamaño y tuneado, tejo y coso a máquina por herencia de mi abuela, soy una negada del ganchillo, no puedo con el musiqueo indie, por lo único que pienso pagar de segunda mano es por un bolso Spy de Fendy (si es morado tiene que ser mío) y no voy a volver a repetir el horror que me parece la moda de los ochenta.



6.   ¿Cuántos más concursos imbéciles con famosos necesitamos en televisión?

Ahora resulta que ya no nos bastaba con tener que verlos en islas tropicales súper pasando hambre, osea. O verlos en plan bailarines pro, aunque no tengan oficio ni beneficio y/o sean familiares de aquel enano cabrón.

Bueno, bueno, ahora lo más de lo más es verlos disfrazados de tu cantante favorito y ver cómo los imitan. Aunque todo esto puede ser superado por ver cómo se tiran de UN trampolín desde diez metros. ¿En serio queréis ver a Falete en bañador?

Yo no.

Pero así es la televisión, que se piensa que somos gilipollas y nos ponen estas “ideas geniales” para tenernos entretenidos. Ya sabéis eso de circo para el pueblo y esas cosas, no vaya a ser que nos dé por pensar y nos demos cuenta de la realidad.

Conmigo no contéis: pienso seguir viendo mis series en versión original (con subtítulos, que de momento lo que más entiendo son los tacos jaja), los programas que he mencionado antes y las únicas tontadas que pienso ver es sólo para destrozarlas vía Twitter con mis amigos.



7.   Tal vez…

… repito, tal vez, no consiga el Oscar que me merezco. Ni siquiera un Tony. Pero de lo que estoy segura es que, aunque tenga momentos de bajón o desánimo, ahora que sé lo que quiero y voy a ir a por ello.

Me importan un pepino esas frases buenrollistas de pacotilla. No basta. Los mantras no funcionan si no los sigues. Por mucho que te levantes por la mañana y te mires al espejo y te repitas “voy a conseguirlo”, si después te vas directa al sofá lo único que conseguirás es un señor culo muy gordo. Os convertiréis en vaquillas para el disfrute de un pseudo-TORERO cualquiera.

Levántate y empieza a hacer lo que te lleve a eso que tanto quieres. Sólo tú y tu esfuerzo te acercará a lo que persigues. Tienes que ser consciente de que cabe la posibilidad de que tal vez no consigas llegar, pero tienes que quedarte, sobre todo, con el camino. Primero, porque es un proceso fantástico y, segundo, porque cuando llegues al objetivo… ¡eso sí que va a ser lo más grande! Y no los subnormales que nos han estado robando y no paran de salir en las noticias.

Si tengo la gran suerte de llegar hasta donde me gustaría, tened por seguro que ya que ahora mismo no estoy muy pendiente de mi ombligo, me voy a tomar un minuto de mi valioso tiempo para decir un sonoro “told ya, bitch!” y dedicarle un Jennifer Lawrence a todos aquellos que un día me hicieron de menos o me dijeron que no lo conseguiría.

Y después me iré a mi playa privada a tomar el sol, bailar a ritmo de melodías discotequeras de mi época moza y ponerme hasta arriba de Gin Fizz.



Atentos, porque éste es el trozo que tanto ha escandalizado, uuuuuhhhhhh, miedito... ¬¬


7 bis. Lee las palabras en mayúsculas.

No me gusta la censura.

Y mucho menos si antes no se me avisa de que van a tocar mi texto sin mi permiso.





Y por el momento esto es todo lo que tengo que decir.



  

¿Qué fuerte, nooooo? ¿Cómo he sido capaz de ser taaaaaan descarada? Ya veo a las de La Sección Femenina enviándome a un retiro espiritual a ver si no seré una rara de esas que cree que puede pensar y, ¡oh! razonar por mi misma.


Ya lo escribí el en el post que veréis el lunes, pero lo voy a volver a hacer por si no hubiera quedado claro.
DEDICAMOS NUESTRO TIEMPO Y ESCRIBIMOS PARA LA REVISTA PORQUE QUEREMOS Y NOS GUSTA, no cuesta nada ponerse en contacto conmigo (y digo conmigo porque no han censurado a nadie más) y decirme qué no gusta, qué línea ha de seguir la revsita y el porqué de que no pueda escribir "tocarle la chorra a un torero". Cuando lo que yo quiero expresar es que quiero vivir de MI trabajo y no del cuento como la Esteban de una forma más coloquial.

Expresión, por cierto, que he tomado prestada de el gran Ángel Martín que fue el primero en usarla.

Y ya que me pongo estupenda, agradecer a todos los que escriben y, sobre todo, organizan y maquetan esta revista fuera de sus horas de trabajo para que cada mes tengamos artículos interesantes escritos por gente como tú y como yo.