jueves, 4 de marzo de 2010

Fashion disaster: Helena Bonham Carter o Cuando una es lo que es.


Y lo que esta señora es está clarísimo: una espantaja, con un vestido chulo de Vivien Westwood, vale, pero una espantaja con todas sus letras. ¿Cuándo ha pasado de esto a... ¡al ahora!? Y sobre todo, ¿POR QUÉ?

Por favor, que alguien le limpie TODOS sus zapatos. Y ya de paso que también le laven el pelo.

Y si le dan un ansiolítico también, que creo que lo necesita.

Entotá, como la Duquesa de Alba, genio y figura hasta la sepultura.

Aparte de eso, no puedo esperar a ver la visión burtoniana de Alicia en el País de las Maravillas.


6 comentarios:

Fisher Sapphire dijo...

Hay adictos al trabajo. Y los hay que se mimetizan con su trabajo. Su caso es el segundo, obviamente, parece un personaje creado por su señor marido...

Anónimo dijo...

Desde luego...con todos los años que lleva esta mujer en el cine, haciendo películas y demás, el que vista o deje de vestir de una determinada manera debería ser irrelevante.

Un poquito de respeto. Aunque bien es cierto que es tu blog y puedes opinar lo que quieras, pero vamos...

Mara Jade dijo...

Fisher: en el clavo!!

Anónimo: y tú también has dado en el clavo. Este es mi blog y opino de lo que me da la real gana :-)

Beatriz dijo...

Pues qué quieres que te diga...hay vinos que con los años mejoran y otros...que se avinagran. Estoy con Fisher...se ha mimetizado con el trabajo de su marido!

Miwako dijo...

Es lo que tiene ser mujer del espantajo de su marido (del cual muchas películas me encantan, y como actriz ella también...) pero digo yo... anda que no tendrán dinero para estilistas...

Y Mara, no has visto el Cuore?? tienen a la hija SOBREalimentada a la pobre, que para la edad que tiene, pobre...

En fin. Cada cual en su mundo, está claro.

MIDAS dijo...

Caín: ODIO a esta tía como actriz,¡Menos mal que solo trabaja con su marido Tim Burton! y siempre la saca disfrazada. Donde mas la soporté fue en el planeta de los simios porque no se le reconocía a penas y no tuve que aguantar su careto de gallina que me pone de los nervios en una pantalla gigante.