jueves, 4 de diciembre de 2008

¿Lo oyes? ¡Es la revolución de los pequeños electrodomésticos!

Y vienen a por mi.

Más concretamente a por mi...


Porque este año los profesores no sólo vienen con sus mejores intenciones a la hora de enseñar. Para este curso se han comprado todo un arsenal de pequeños y prácticos electrodomésticos y ver qué pueden hacer con los cerebros del alumnado. Y yo estoy ahí.

He aquí el arsenal:


Una bonita olla a presión para poder meter el cerebro entero y ver qué clase de caldos pueden obtener de él. O sale buenísimo, como el que hace mi madre, o mejor usarlo para echárselo a los ojos de quien suspenda y dejarlo ciego para siempre.


Lo siguiente, un buen exprimidor y si puede ser de aire retro mucho mejor, que ahora está muy de moda y con el esfuerzo siempre puedes desahogar tus frustraciones por no poder aplicar castigos físicos a los alumnos. Además, ¿a quién no le apetece un buen zumo de cerebelo fresquito?



El anuncio decía "¡1, 2, 3, picadora Moulinex!". Es un slogan que gusta mucho entre el profesorado: la cuestión es saber cuántas veces debes presionar la picadora para machacar el cerebro más duro. Nadie lo sabe.



Sin embargo este viejo molinillo de café lleva cienes y cienes de años en mi escuela. ¿Para qué hacer caso a George Clooney y comprarse una Nespresso cuando puedes obtener un café de córtex prefrontal recién molido cuando te apetezca? Pues eso se oye decir en la sala de profesores.

Y luego está, el artilugio estrella, la licuadora. Tan amada y odiada en los 70 (aunque no tanto como la yogurtera), que era regalo de boda imprescindible, que se usaba durante la primera semana y luego se guardaba en un armario para siempre.

En mi escuela los batidos de núcleo geniculado lateral son muy apreciados, no os digo más.



Bueno sí, sí os digo: con lo que se me viene encima, yo ahora me tomaría una buena margarita de litro... ¡por lo menos!


1 comentario:

Fanmakimaki ファンマキマキ dijo...

Anda, quejica, si sé que te encantan los retos :P