domingo, 12 de agosto de 2007

SSG en Barcelona: día 2.

En vez de quedar con Garbinada a las 11, quedamos a las 12. Nos encontramos en la parte de los libros del Fnac.

Y no, no compré nada... al menos ese día.

En un principio íbamos a quedar al lado de la Casa Batlló, pero como se retrasó la cita, menos mal que se pudo entretener en el Fnac, donde hizo buen acopio de cd's. Y una vez nos presentamos todas, nos dirigimos Ramblas abajo, para ir a visitar el Museo Textil y de la Indumentaria.

De camino, Garbinada nos enseñó a Fle y a mí varias tiendas muy chulas: la de Cha Chá, con toda clase de objetos de la marca que me hubiera gustado poseer (desde platos pasando por delantales a cuadernos de notas con hojas rojas, las famosas camisetas o bolsos, cortinas de ducha y calcetines) y la de Natalie Capell y su atellier de moda donde puedes encontrarte auténticas maravillas de encaje antiguo cosido en tul formando preciosas combinaciones... o vestidos vintage si les pones un forro debajo. Eso sí, ahorra bastante, de los 300€ (que fue lo más barato que vi) no te escapas. No te puedes perder esta preciosa y oscura tienda.





Y din darme cuenta, pasamos por delante de la tienda de Vaho Works, que ya he mencionado varias veces aquí. No pude evitar entrar y ver sus bolsos de materiales reciclados. Aquí puedes ver el rincón que más me gustó de la tienda, ya que la colección la puedes ver en su web.




Confieso que una de las cosas que más me gustan de Barcelona es caminar por esas callejuelas y ver las diversas tiendas que hay. Todas diferentes y originales. Esta vez se me pasó visitar la tienda donde hace unos año compré un flash de colores para mi Lomo LCA, pero bueno... volveré.

Y por fin llegamos al museo. Fle, que estas cosas no le molan mucho, se fue a comprar un regalito para un cumple, así que Garbinada y yo nos sumergimos de lleno en esa maravilla de mini-museo. Lo llamo así porque es más pequeño que el Museo del Traje de Madrid, pero no tiene nada que envidiarle.

Garbinada fue tan amable de pagar las entradas, así que desde aquí se lo agradezco una vez más, me lo tomo como un regalito de cumpleaños.

Antes de entrar hay una serie de fotos que te enseñan el rostro limpio de una modelo y a medida que vas caminando ves los cambios de maquillaje y peluquería, para, al final, ver cómo saldrá a la pasarela.

Las salas son más pequeñitas y acogedoras que las del museo de Madrid. Lo que más me gustó fue que había una sección dedicada a Santa Eulàlia, una famosa tienda de moda fundada en Barcelona en 1843 que fue pionera en la alta costura en España.

Además, de ver pases de prensa, invitaciones a los desfiles y fotos de las modelos de la época, en la colección de dicho museo, pudimos ver el nº 15 de la Vogue americana. Ahora mismo por ese ejemplar se pagarían grandes sumas.

Bueno, y no puedo dejar de mencionar, que había preciosos modelos de los años 50-60 que no estaban dentro de vitrinas (pero tampoco se podían tocar, evidentemente) y podías ver con todo detalle costuras, pliegues, detalles de bordado... todo. Esto puede sonar a tontería, pero para alguien como yo, que siempre ha soñado con algo así, es lo más cerca que estaré del diseño.

Luego, había otra exposición llamada Showroom, donde se simulaban las bambalinas (odio lo de backstage) de un desfile. Podías ver zapatos usados para desfiles de Galliano o Vivian Westwood. Luego entrabas a una especie de cuarto de pruebas donde un espejo terrorífico simulaba tu cara maquillada (y donde casi nos morimos del susto al vernos), podías probarte ropa, había notas de los diseñadores dando órdenes especificas sobre lo que querían de sus desfiles... y para terminar: acababas en una pasarela donde a ambos lados estaban los entendidos en moda que te mirabana de arriba a abajo y al final... un horda de fotógrafos esperando a flashearte.

Casi me dejan ciega. ¡Qué duro es ser modelo!


En fin, que hay muchas cosas por ver.


Ya era hora de comer, así que salimos para reencontrarnos con Fle, no sin antes pararme en la tienda del museo. Compré un abanico (el mío me lo había medio cargado la noche anterior en el Arena) y un libro sobre la historia de la moda que me gustó más que la guía del museo.


Y nos fuimos a comer a un restaurante griego donde nos pusimos como el Tenazas. Que no sé quién es este señor pero tiene fama de buen comer, pues nosotras igual.




Soy incapaz de repetir cómo se llamaba el entrante que pedimos pero llevaba queso feta y espinacas y Fle una ensalada tremenda. Luego, para mí una musaka riquísima y de postre helado de canela. Nos pimplamos una botella de vino blanco. Olé.


Y lo mejor: la conversación. Era como estar con amigas con las que te reencuentras después de un tiempo sin verlas. Fluidez. Esta palabra la voy a repetir muchas veces porque es la que describe mejor la mayor parte del tiempo.


Cuando terminamos, nos fuimos caminando hacia Porta de l'àngel, no sin antes entrar en una especie de sala de arte muy alternativa y pasar por delante del Museo del Chocolate, que me queda pendiente para la próxima visita, sin ninguna duda.



Encontramos una tienda muy chula llamada Happy Pills. Que no es más que una tienda de chuches pero donde te las envasan en frascos simulando medicamentos. Muy original.



Fle se fue por un compromiso familiar y Garbinada y yo nos quedamos tomando algo fresquito en un Starbucks (jijiji) donde me hice con mi nuevo vaso termo (mmmmuuahahahahahahaaaaaaa) y volvimos a ponermos a hablar, como cotorras que somos. Un encanto esta chica.

Yo estaba que no podía ya ni con mis pies, ni alma, ni vida... ni nada que estuviera en mi anatomía. Así que una vez nos despedimos en el metro, me dirigí a casa de Fle escuchando el audiolibro de "La catedral del mar".

Subiendo las mini-escaleras y al ponerme a buscar las llaves en el bolso, una de las bolsas se me cayó y al darme la vuelta para recogerla... esos malditos escalones decidieron cargarse mis sandarlias favoritas. Unas Wonders de suela japonesa que he conservado durante 3 años. Vamos, que al estar un poco desgastados, me resbalé, me torcí el tobillo, una tira de la sandalia se rompió... y bueno... hubiera ganado algún premio de esos programas de caídas estúpidas. Un ridículo para el recuerdo más que añadir a mi ya larga lista.

Rezando para que de verdad no fuera nada, le envié un sms a Fle diciéndole que al menos yo no podría disfrutar de la juerga nocturna. Nada más pisar el piso me fui a la pata coja a mi neceser y me enchufé dos antiinflamatorios, tacatá, y puse el tobillo bajo el agua fría de la ducha.

Así que la pobre Fle cambió la noche juergueril para hacerme compañía. Vamos, que le quedó patente que si ella es torpe, yo no me quedo atrás. A ella se le caen las cosas en la cena, pues yo me caigo por las escaleras, ¿qué pasa?.

La noche, aunque más tranquila, fue muy divertida, con el hermano y cuñá de la Fle jugando al Guitar Hero (Fle es una maestra) y después al Buzz, donde gané la segunda partida. Pero tanto el de Fle como el mío, nuestro tiempo de respuesta dejaba mucho que desear. Eso sí: que vivan los Dalky y los Doritos.

Cuando Tote (Fle's brother) y Ele (Fle's cuñá) se hubieron retirado, nosotras aún nos quedamos un rato rajando y partiéndonos de risa, sin apenas movernos de lo cansadísimas que estábamos. Unas voces de camioneras...

Fin del día 2 ;-)

8 comentarios:

martasevilla dijo...

Hola guapa!
Sigo sin internet, aprovecho para mandarte un besote ;)

Celestina dijo...

jo va, que de lujo.!!!
que bien!!
bss

Garbinada dijo...

Nena, no te has dejado nada, qué detallista eres, yo no lo hubiera contado mejor!!!
Bsos

Mak dijo...

dais muuuuuucha envidia!!! :)

Fanmakimaki ファンマキマキ dijo...

Quiero esas pastillas de forma inmediata.

arcoiris dijo...

pues si q das envidia, si, Barna q bonita y de tiendas y de museos y de comidas...paro q me empiezo a notar verde <,-p

Diana Coronado dijo...

Se me antojó un Starbucks con tu post

Garbinada dijo...

Ahora me arrepiento de no habernos tomado la foto en la "pasarela", allí desfilando... me corté, me dio vergüenza!
Bsos