jueves, 8 de febrero de 2007

Hinojo.

Cuando comencé el instituto tenía una profesora de Literatura.

Sí, con "L" porque ya no era Lengua Española, no, era únicamente Literatura.

Y a mí me entusiasmaba la idea.

No así a una compañera, que era más bien gruñona, mediana de 3 hermanas y con una autoestima más bajita que yo. Dos años después elegiría ciencias puras. A ella le parecía una solemne gilipollez tanto la asignatura como la profesora. El lenguaje de las ciencias dominaba el mundo. Era el lenguaje universal. A mí, la verdad, me daba igual el idioma en el que ella se expresara. No la entendía ni en castellano.

Pero esta profesora y esta compañera de clase tenían algo en común. Las dos podrían haber sido excelentes extendedoras de recetas: su letra era totalmente ilegible (para mi pesadilla).

El caso se que para mí esta asignatura, junto con inglés y, más adelante, historia del arte, era mi favorita. Y esta profesora era para mí una de las más pintorescas. También era una de mis preferidas.

Entre cuarenta y muchos y cincuenta y... no me aventuro a más porque soy muy mala poniendo edades... el pelo corto, alborotado, con gafas, desconjuntada en el vestir, con mocasines... que no tenían nada que ver con el bolso, obviamente. Más amiga de los claveles que de las gaviotas y con un excelente y amplio vocabulario que yo envidiaba. No sólo en español, también en mallorquín. Era fabulosa.

Era un poco caótica explicando porque un día estaba en el
Siglo de Oro y al siguiente estaba con una poesía de Lorca... enlazaba con El Quijote y después, tan ricamente, una obra de teatro de Baudelaire. A mi compañera de clase eso la ponía frenética. Siempre estaba de mal humor en sus clases. Yo estaba deseando que llegara esa clase. Y tal vez como yo también soy bastante caótica y desordenada la entendía mejor.

Poesía, teatro, novela... a mí me daba lo mismo, hacer comentarios de texto era uno de mis pasatiempos favoritos porque me sentía totalemente libre para expresar lo que me había parecido el texto, lo que me había recordado, lo que me hacía sentir o lo que fuera.

Si tengo que decir la verdad, la poesía nunca fue mi fuerte, pero aprendí a apreciarla mucho más con esta profesora. Esta señora divagaba mucho, te contaba muchas cosas sobre el autor de turno, sobre el momento en que se escribió tal o cual cosa. Por ejemplo, en un verso de Lorca (creo) aparecía la palabra "hinojo". Por lo visto la utilizó como analogía al tacto del vello púbico.

Nunca se me hubiera ocurrido. Hasta que nos contó que Lorca era gay, que vivió atormendado por la persecución que sufrió y tal y tal y tal.

Hubo una temporada en la que incluso pensé que trabajar en una biblioteca sería lo más. Pero... ¿trabajar en absoluto silencio?, ¿sin ni siquiera música?.

No.

Definitivamente los libros formaron, forman y formarán parte esencial de mi vida pero es imposible que viva en absoluto silencio más de 2 horas.

Un año después de acabar el instituto, cuando había comenzado la pesadilla de carrera que aún arrastro, me la encontré. Me reconoció, me sonrió y me dijo que echaba de menos mis comentarios de texto.

Yo también los echo de menos. No se imagina cuántas cosas echo de menos y de cuántas me gustaría deshacerme ahora.

Nunca más la he vuelto a ver.

11 comentarios:

La Reina Morcilla dijo...

Es curioso, comparto sentimientos muy parecidos a los tuyos y por supuesto, comparto profesora estrambótica de Literatura (por que yo también hacía literatura, además, claro, de Castellano, pero esa era otra...)

Mi profe me recordaba a Don Quijote pero en mujer. Yo creo qeu se equivocó de siglo, la señora. Y era alucinante el amor que le tenía a los libros y la pena que le daba ver como la gran mayoría de los mendrugos de mi clase pasaban mil de hacer nada en pos de aprender algo de sus clases.
Yo sí.
A mí me chiflaban por que, como la tuya, se dedicaba a explicar lo qeu en los libros es más dificil encontrar; entorno, situación, ideas, momentos críticos... de todo. Era una forma de enriquecernos total.
Y también llevaba mocasines totalmente en desacuerdo con el bolso! :P
Y los pelos alborotaos... y...
tampoco he sabido de ella, pero la recuerdo, por que hizo que me gustara más todavía la Literatura.
Y que me esté planteando estudiar Hispánicas por amor al arte. (Nunca mejor dicho!)

Y que yo también quería ser bibliotecaria, tia! Juas! :P

besicos gordos, guapa! :)
Y suerte con el examen!!!!!!!!!

Pitxi dijo...

Curiosa y tierna historia de verdad, ojala yo hubiera tenido algun profesor que me inspirara o me inflyera asi, enhorabuena, eres afortunada

gatchan82 dijo...

eso del silencio en las bibliotecas es por "culpa" de la gente que va a estudiar allí pensando q son salas de estudio.

bahhia dijo...

Puedes estar contenta porque ella disfrutaba con tus comentarios de texto tanto o más como tu con sus clases. Eso para un profesor es fantástico.

A mi, las clases de Literatura también me gustaban, pero como todas las asignaturas, depende mucho del profesor que te toque, de la pasión que le ponga.

Besitossss

Masmi dijo...

Yo tambien tuve una profesora de lengua en el instituto con la que me llevaba muy bien.
Era joven, rockera y siempre iba muy moderna.
Pero tengo que reconocer que a mi lo de los comentarios de texto no me iban nada. Creo que tengo la cabeza demasiado cuadriculada, por eso hice ciencias. Leer libros si que me gustaba, pero luego comentar lo que ponia, como que no.

fernifunk dijo...

Yo también he tenido profesores/as peculiares (que curiosamente eran de literatura los que más)...de los que alguna vez te has acordado y te has dicho que habrá sido de esta persona, y vaya forma diferente de dar clases. Me acuerdo de un profesor de literatura que nos bajó una vez al gimnasio para interpretar poesias y relatos y fue como la revolución. En fin, bonitos momentos.

Sr_Skyzos dijo...

Yo no tuve suerte con los profesores de Lengua y de Literatura en el instituto, pero no me hizo falta. Ya estaba tocado por la locura de los libros desde que era pequeño. Es más, tengo todavía guardado el primer cuento que me regalaron, con apenas un año (de esos de cuatro ojas con una grapa y una portada de cartón roñoso, vamos...)

Con lo que sí tuve suerte fue con la profesora de Arte, que me hizo que apreciara todos los estilos... hasta hacer que el Románico sea uno de mis favoritos, a pesar de lo tosco que puede parecer.

Y yo también creí durante un tiempo que mi trabajo ideal sería estar en una biblioteca o en un archivo. Pero me he dado cuenta que disfruto trabajando con personas más que con objetos.

Habibi dijo...

Ah, calla, calla, que estoy en la uni ahora y acabo de salir del examen de Literatura Española Medieval! Qué horror!
Pero sí, yo tuve una profe así, en el insti. Era genial, aún la veo de vez en cuando y es una de las pocas personas que me llamaban por mi nombre por aquél entonces.

Fanmakimaki dijo...

Que gusto encontrar gente así, capz de transmitir a sus alumnos, aunque sea dentro del caos. Hay pocos.

Pilar dijo...

Tuve varios profesores de Literatura, la FP es lo que tiene. Tuve una que adoraba a Garcilaso...y que me hizo odiarlo, mas pedante y no nace. Tuve otro que iba de super progre, y realmente era un pazguato, pero que perdia el culo por mis comentarios de texto. Nunca sabia por donde le iba a salir.
Pero mi favorita jamas me dio clase. Era la bibliotecaria del primer colegio al que asisti, y me enseñó a amar los libros. Hace poco me la encontre, y le di las gracias. Ella no me recordaba, pero no me importo :)
Por cierto, concurso en mi blog.

Ana dijo...

comparto tu opion, tuve un maestro de hist. del arte, muy bueno,le decian el cubano, a mi hacia ver las cosas desde diferente optica. . Y luego tuve un maestro que era español, que tambien divagaba y decia cosas intersantes me hacia pensar, y ya sabia que con habia que llegar con la cabeza blanco. Y los 2 veian uno como belleza y el español como algo ironico, humor negro, sarcastico, yo voy con el español jaja. aunque claro tambien me gusta la belleza. en fin.. pasatela bien.