martes, 28 de septiembre de 2004

What a difference a day makes?

Muchas cosas, grandes o pequeñas, pueden hacer que el día que tienes por delante sea diferente al resto de los que ha vivido anteriormente. Todos nuestros días se distinguen, siempre son diferentes al anterior, pero hay días que recordarás el resto de tu vida.

Durante la Universiada de 1999 conocí a mucha gente. Me lo pasé muy bien, aprendí muchas cosas y disfruté de mis compañeros de trabajo. Pude ver competiciones de natación (qué hombres!), partidos de fútbol y tenis, tuve bastantes privilegios y me tocó un jefe encantador. Álvaro. Qué chico tan adorable. De Sevilla, ojos azules, un humor excelente, muy simpático y amabilísimo.Entre mucha gente conocí a Malena. Es de esas personas que en cuanto conoces sabes que te vas a llevar bien con ellas. Es todo corazón, amabilidad y simpatía. Nos tomamos mucho cariño y seguimos manteniendo el contacto cuando el evento concluyó.

Al poco tiempo su madre murió y a pesar de que éramos amigas desde hacía relativamente nada, ella me llamó y me dijo que quería darme ella la noticia puesto que me consideraba su amiga. Eso para mí fue muy importante.Un año después yo me encontré en una situación que no desearía a nadie. Ella se enteró y estuvo conmigo. Me llamaba y me acompañaba para que no estuviera sola. Un día me dijo que se iba a trabajar a Barcelona. Sentí que iba a perder a alguien muy especial para mí, pero antes de irse me regaló un libro suyo, dedicado sólo para mí. Y ahora, aunque no tenemos tanto contacto (pero sé que está ahí), yo me sigo acordando de ella y siempre tengo ese libro en mi estantería. Se titula “Tus zonas erróneas”. Tengo que decir que lo que más he leído del libro ha sido la dedicatoria, porque eso fue lo que hizo que mi día fuera diferente.

A mediados de julio de hace 3 años me fui a Madrid. Allí tenía que hacer el curso de formación para el que iba a ser mi trabajo. Cogí el primer vuelo de la mañana, llegué a Barajas, desayuné tranquilamente, encontré un taxi increíblemente rápido y en 20 min estaba en la central de mi nueva empresa. Estuve esperando un ratito y me fueron presentando personas que serían mis compañeros de trabajo en diferentes tiendas repartidas por España. A medida que iba pasando el día yo iba pensando “en vaya lío me he metido”… “me voy a liar más que la pata de un romano con este programa”… “y me tengo que aprender este protocolo?”. En los descansos iba conociendo a la gente que también estaba en el curso. Lo cierto es que desde que entré en la sala de reuniones donde se hacía el curso me fijé en una chica con las pestañas más increíblemente largas que había visto en mi vida. De esas chicas que les gusta ir arregladas y que no parecía una estirada. Hubo un momento en que teníamos que hacer pequeños grupos y a mí me tocó con ella. Éramos de la misma zona y nos pusieron juntas. Alicia.

Ella me dijo, “creo que tú te apellidas como yo” y así comenzó todo. A partir de ese momento no paramos de reírnos juntas. Nos contamos nuestra vida esa misma noche. Ella se fue a trabajar a la tienda de Cartagena y yo a la de Palma y desde entonces nos enviábamos mails y nos llamábamos todos los días para contarnos nuestras historias en la tienda, ayudarnos con dudas, reírnos de chorradas varias… Hasta ahora. Alicia, mi churri, es ahora una de mis mejores amigas, la adoro y ella lo sabe. Nos hemos visto en otros cursos, gracias a que nuestro jefe nos colocó juntas, yo la fui a ver, ella vino aquí y nunca he tenido la sensación de tenerla lejos porque hablamos todas las semanas y siempre, siempre, siempre la he tenido a mi lado para absolutamente la más mínima cosa. Por estúpida que fuera.Unas pestañas hicieron que ese día fuera diferente para mí.

Un día me desperté. Me levanté de la cama. Fui al baño y me lavé la cara. Me sequé la cara y encontré a una chica sonriendo en el espejo. Era yo!. De repente todo el dolor, la frustración, la tristeza, la impotencia, las ojeras, los ojos hinchados de llorar, las ganas de meterme en la cama y dejar que la vida pasara sin que nadie reparara en mí… desaparecieron. Ya no estaban. Vencí todo eso y me di cuenta de que mi más reciente pasado (de aquel entonces) no había sido una pérdida de tiempo: había aprendido. Mi propia sonrisa hizo que ese día fuera diferente.

Otro día, Jaume entró en mi vida. Me ayudó a superar todo el dolor y desesperación que he mencionado antes. Él para mí es una persona súper especial, al cual admiraré y querré para siempre porque no sé qué hubiera sido de mí sin él. Le echo de menos cuando pasa mucho tiempo si saber de él y me preocupa cuando siento que algo le pasa. Cuando peor estaba fui a verle. Entré en su oficina e inmediatamente después de decirle, “hola” empecé a llorar. Creí que no podría seguir con mi vida, que por mucho que él me ayudara nunca podría salir de donde me había metido. Me dio un pañuelo, se levantó de su silla, rodeó su mesa y me abrazó. Y no dejó de hacerlo hasta que pude calmarme y a duras penas dejé de llorar. Habló conmigo y logró convencerme de que esforzándome saldría airosa de la pelea que estaba manteniendo con mi monstruo personal. Hoy en día puedo decir que le vencí y que aunque a veces me siento decaída, me acuerdo de todo el esfuerzo que invertí y la paciencia de Jaume conmigo. Ese día, la diferencia la marcó el abrazo de mi amigo Jaume.

Hay días que me siento sola, como si nadie me quisiera y como si nada me saliera bien. Pero me acuerdo de momentos así y pienso que soy una persona afortunada porque aquí sólo he puesto 3 días, pero tengo muchos. Muchísimos.Una dedicatoria, unas pestañas, una sonrisa, un abrazo… pero también tengo un beso, una canción, una foto, el sabor de un helado, el olor de un perfume, unas pirámides en miniatura,… Tal vez en el fondo soy una sentimental, pero no cambio por nada el poder recordar esos días diferentes.

Te has parado alguna vez a recordar tus días diferentes?.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que bonito, de verdad. Mira que yo soy como un témpano de hielo y no me emociono facilmente (aunque ultimamente me noto más tierno. Hasta me han entrado ganas de llorar con alguna chorrada de la tele. Debe ser la edad.) Pero esto que has escrito me ha gustado mucho. No te preocupes, yo te querré siempre.